La Vaquita: Historia y Productos de una Reconocida Distribuidora de Quesos

Nuestra historia comenzó con un simple deseo: poder disfrutar en Estados Unidos de quesos y cremas con sabor auténtico mexicano. Por esto, en 1971, María Castro, recién llegada del estado de San Luis Potosí, México, decidió elaborar Queso Fresco en su hogar de Houston. Desde entonces, La Vaquita® ha ayudado a ponerle un toque inigualable de sabor y tradición a la cocina mexicana en Texas. Nuestros productos enriquecen tus recetas con un sabor delicioso y auténtico, desde platillos preparados en la cocina hogareña hasta las creaciones culinarias de chefs profesionales, preservando el sabor y el amor por las tradiciones mexicanas.

María Castro, fundadora de La Vaquita, elaborando queso fresco en su hogar de Houston en 1971.

El Ascenso de Rodrigo Tobar y la Consolidación de La Vaquita

La semana pasada, el gremio de los lácteos fue sorprendido ante la apuesta que realizó Parmalat. La compañía adquirió la totalidad de la empresa La Vaquita por US$106 millones. Al momento de comentar la transacción, surgía una figura clave: la de Rodrigo Tobar, el dueño de la compañía que, a los 40 años, logró, sin un MBA ni grado universitario, consolidar un millonario negocio.

Emprender desde Cero: La Trayectoria de un Empresario Atípico

Tobar es un empresario atípico. Evita en la medida de lo posible todo tipo de aparición pública. Consultado al respecto, Tobar asegura que su reticencia a hablar con los medios se debe al pudor, ya que busca mantener un bajo perfil. A su entorno suele señalarle que no le gustan los "agrandados". Por eso, aun cuando ahora revela que buscará posicionarse en el mercado de productos agrícolas -dado que, por la venta a Parmalat, no puede seguir con la producción de quesos-, su historia ha sido más bien desconocida en el entorno empresarial.

Rodrigo Tobar nació en Rancagua el 12 de septiembre de 1976. A inicios de los 90, estudiaba en el Liceo Alemán y vivía con su familia. A los 8 años, empezó a vender puerta a puerta quesos frescos provenientes de una quesería familiar en Melipilla, a sus vecinos entre las calles Carmencita e Isidora Goynechea en Las Condes.

Fotografía de Rodrigo Tobar, empresario detrás de la expansión de La Vaquita.

A los 15 años, tomó una decisión radical. "Yo era re malo para el colegio, y le dije a mi mamá que no iba a ir más. Casi me mató", relató en un encuentro con emprendedores en 2015. La resolución no fue fácil; recién estaba cursando segundo medio y su padre había fallecido hace apenas cinco meses. Por ello, se fueron a vivir a Melipilla. El enojo de su madre duró un año. Dadas las circunstancias, el adolescente definió que quería llegar a ser el mejor vendedor de quesos. Y así comenzó vendiendo todos los días a sus cercanos del colegio, parientes y recorriendo el vecindario. En las mañanas se aprovisionaba de leche, elaboraba los quesos frescos y en la tarde se dedicaba a venderlos. Así, a los 17 años, logró marcar presencia en sus negocios. Como era menor de edad, para trasladarse entre Melipilla y Santiago, hizo un trato con un conocido para trabajar con él como chofer.

Expansión y Diversificación: El Camino hacia el Éxito

Cuando cumplió 18, Tobar decidió que era el instante de expandirse, y para ello se trasladó a vivir a Santiago y arrendó un local pequeño en Exposición con Blanco Encalada. El mobiliario estaba compuesto sólo de un escritorio de metal y un refrigerador de carnicería que compró en el mercado Persa. Al principio, contaba con quince clientes diarios, de pequeñas tiendas y panaderías. En un encuentro con emprendedores, Rodrigo les confesó: "Al principio me daba vergüenza, después me puse más canchero, tomé clientes en La Vega como 'Quesos Arturito', Lo Valledor, y panaderías Castaño". Así, se tragó su pudor y se propuso todos los días encontrar un cliente nuevo. Cuando copaba la capacidad del refrigerador, salía a buscar más clientes. Así fue comprando más camionetas y aumentó el número de choferes para mejorar la distribución. La meta era llegar con sus quesos a los supermercados.

Ilustración de un refrigerador de carnicería vintage, similar al que usó Tobar al inicio.

A los 23 años, Tobar quiso ampliar su producción. Tras un viaje al sur, comenzó a vender queso chanco. A los 27 años, tuvo la idea que -dice- disparó su negocio. Se dio cuenta de que los consumidores demandaban queso laminado, para lo cual importó desde Europa una máquina especial. Fue el primero en vender este alimento de forma empaquetada y resultó un éxito. Por ello, obligó a ampliar sus oficinas y bodegas. Así, antes de cumplir los 30, compró la totalidad de la marca a su familia. Sumado a la remodelación y expansión de sus oficinas, esto contribuyó a que, finalmente, los supermercados se acercaran para hablar de negocios. Y también atrajo a socios, como Kike Morandé y Gonzalo Vial, de Lácteos del Sur. Este último se retiró antes de la venta a Parmalat.

"Creo que la clave es siempre ser sencillo y no creerse el cuento, tratar de buscar nichos que no estén tan explorados por los grandes", comentó Tobar a emprendedores hace dos años.

La Venta a Parmalat y Nuevos Horizontes

Tras la venta a Parmalat, el empresario estará abocado a otros proyectos. Rodrigo Tobar era hasta la semana pasada el dueño de la conocida empresa de lácteos La Vaquita. Sin embargo, el pasado miércoles 1 de marzo se anunció una noticia que remeció al mercado: Parmalat llegó a un acuerdo con el empresario y adquirió la totalidad de la firma en 106 millones de dólares. Una cifra sorprendente para una compañía que lleva consigo una historia atípica. Tobar logró a los 40 años consolidar un negocio millonario sin un título profesional ni un MBA, el cual comenzó de forma incipiente a los 8 años vendiendo quesos por el barrio y que comenzó a expandir a los 15 luego de una decisión radical: "Yo era re malo para el colegio, y le dije a mi mamá que no iba a ir más".

Según recoge Pulso, el enigmático empresario evita realizar apariciones públicas y es reticente a hablar con los medios de comunicación porque le genera pudor. Ante todo, siempre prefiere guardar un bajo perfil: "Creo que la clave es siempre ser sencillo y no creerse el cuento, tratar de buscar nichos que no estén tan explorados por los grandes", comentó Tobar en dicho encuentro.

Rodrigo Tobar nació en Rancagua el 12 de septiembre de 1976. Estudió en el Liceo Alemán a inicios de los 90 y vivía con su familia. A los 8 años empezó a vender puerta a puerta quesos frescos provenientes de una quesería familiar en Melipilla, a sus vecinos entre las calles Carmencita e Isidora Goynechea en Las Condes. A los 15 años, a cinco meses de la muerte de su padre y cuando apenas cursaba segundo medio, tomó la radical decisión de abandonar el colegio. En ese momento, cuando se fueron a vivir a Melipilla, decidió que quería llegar a ser el mejor vendedor de quesos. Su mamá, que rechazaba la opción que tomó, estuvo enojada con él por un año. Así, partiendo desde cero, comenzó vendiéndole quesos todos los días a sus cercanos del colegio, parientes y recorriendo el vecindario. En las mañanas se aprovisionaba de leche, elaboraba los quesos frescos y en la tarde se dedicaba a venderlos. Así, a los 17 años ya se encontraba consolidando un negocio que años más tarde daría frutos inimaginables en ese momento. A los 18 ya comenzó con sus planes de expansión, se trasladó a Santiago y se instaló con un local pequeño en Exposición con Blanco Encalada. Comenzó con un escritorio de metal y un refrigerador de carnicería que compró en el Persa. En un principio tenía cerca de quince clientes al día provenientes de pequeños locales y panaderías, pero su personalidad le estaba jugando una mala pasada para seguir creciendo: "Al principio me daba vergüenza, después me puse más canchero, tomé clientes en La Vega como 'Quesos Arturito', Lo Valledor, y panaderías Castaño", confesó en un encuentro de emprendedores. Para seguir creciendo, Tobar debió tragarse su pudor. Ya envalentonado, se propuso todos los días encontrar un cliente nuevo. Cuando copaba la capacidad del refrigerador, salía a buscar más clientes, lo que lo obligó a comprar más camionetas y aumentar el número de choferes para mejorar la distribución. A los 23 años, Tobar quiso ampliar su producción y agregó a su gama de productos el queso chanco. Pero fue a los 27 años cuando tuvo la idea que, según dijo, disparó su negocio: los consumidores demandaban queso laminado y él fue el primero en vender este alimento de forma empaquetada. Así, antes de cumplir los 30, compró la totalidad de la marca a su familia. Llegó con sus productos a los supermercados y también atrajo a nuevos socios, como Kike Morandé y Gonzalo Vial, de Lácteos del Sur. Tras la venta a Parmalat, el empresario buscará ahora nuevos rumbos, ya que las condiciones de venta a la transnacional europea lo obligan a abandonar la producción de quesos.

Conversaciones sobre cultura en El Tabo: Rodrigo Tobar

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