En el corazón de Madrid, donde el bullicio de la ciudad se mezcla con el aroma de lo tradicional, existe un manjar que trasciende generaciones y une a personas de todas las edades: los churros y las porras. Nos enorgullece ofrecer a nuestros clientes los auténticos churros madrileños, elaborados con ingredientes frescos y de primera calidad, siguiendo la receta tradicional que ha pasado de generación en generación. Los churros y las porras son mucho más que un simple alimento; son un símbolo de nuestra cultura, un elemento esencial de nuestra identidad.

La Esencia de San Ginés: Tradición y Artesanía
La receta de los churros perfectos es sencilla: agua, harina y sal. En San Ginés, los maestros churreros amasan la masa a mano, como antaño, utilizando una pala de madera para lograr la textura perfecta. Fundada hace más de un siglo, San Ginés ha trascendido fronteras, convirtiéndose en un símbolo de Madrid y su centro histórico.
Si te encuentras en Madrid, no puedes perder la oportunidad de visitar San Ginés, la churrería que está cerca de ti. Ven a probar nuestros deliciosos churros y porras, a nuestro local en Madrid centro, o a los locales que tenemos en López de Hoyos y Chamartín, y descubre por qué somos un referente en la ciudad.
Aunque parezca increíble, la Chocolatería de San Ginés, un clásico en la capital con más de un siglo de vida que atrae tanto a turistas como a vecinos de Madrid, no tiene secretos. No hay secretos guardados bajo llave como la fórmula de Coca-Cola o del licor Jägermeister. Ni cantidades exactas.
Elaboración artesanal de porras en Chocolatería 1902 Madrid
El Arte de Hacer Churros "a Ojo de Buen Cubero"
Las medidas son, por poner un ejemplo entre sus ingredientes, "plato y medio mediano de harina". Los (probablemente) churros más famosos del mundo, capaces de organizar colas más largas que las de Doña Manolita en época navideña y todo un símbolo de la ciudad de Madrid, se hacen "a ojo de buen cubero", cuentan los propios trabajadores de la célebre Chocolatería San Ginés, mientras siguen trabajando sin detenerse ni un segundo de un lado a otro de la cocina, con cierta aceleración porque allí no se para, pero siempre manteniendo su sonrisa.
En el castizo local del callejón homónimo (emplazado en el número 5 del Pasadizo de San Ginés), que data de 1894, fecha en la que se inauguró como buñolería tras ser mesón, acuden todos los días desde turistas japoneses deseosos de hacerse la foto más foodie para su álbum de recuerdos, al vecino de toda la vida que continúa desayunando sus churros para reponer fuerzas desde hace décadas y, por supuesto, curiosos de visita deseosos de comprobar lo bien que sienta un chocolate caliente en invierno y si es verdad eso de que es el mejor de Madrid.
Un lugar de encuentro para los madrileños todas las navidades, en el tradicional paseo familiar donde se convierte en punto clave como el Cortylandia de Preciados. De hecho, el dueño de la Chocolatería San Ginés, que también lo es de la discoteca colindante Joy Eslava, el empresario Pedro Trapote, reconvierte por el día en diciembre y parte de enero la famosa sala de fiestas en chocolatería para poder dar servicio dada la alta demanda.

San Ginés: Un Símbolo Internacional
La especialidad de la casa conocida durante la Segunda República como La Escondida y hoy internacional (con sedes en Tokio, Shanghái y Bogotá) se sirve las 24 horas del día todos los días del año con el permiso del Ayuntamiento de Madrid.
Los trabajadores de San Ginés no paran desde que entran. Quizá el puente de diciembre sea el período más álgido de trabajo, junto a los fines de semana del mismo mes y el primer chocolate del año, reconoce uno de los empleados con los mofletes sonrosados por el calor. Es un trabajo muy físico. El churro se sigue haciendo igual 124 años después: "Hemos tratado de poner amasadora y no podemos, preferimos la artesanía, aunque hay que estar fuerte para trabajar aquí", bromea con un ritmo frenético y controlando que todo marcha en orden.
El responsable de las mañanas está convencido de que Trapote podría deshacerse de todos sus negocios por un precio, "salvo la chocolatería" por todo lo que significa este emblemático negocio.
La Receta Detallada (o Casi)
Un puñado de sal, una cucharada de bicarbonato, litro y medio de agua fría y otro litro y medio de caliente, plato y medio de harina y vueltas en círculos con la pala hasta que la textura de la masa va tomando forma. Son los ingredientes para unos porcentajes nada exactos en la receta.
"No los sabemos porque lo hacemos todo a ojo por la experiencia. Por cada 15 litros de agua se necesitan, para que te puedas hacer una idea, unos cuatro o cinco kilos de harina. Los churros los freímos entre 190 y 195 grados y las porras a unos 30 grados más. También se diferencian en que la harina de la porra es más fina que la del churro. Por cada molde salen unos 100 ó 120 churros, cortados a unos 15 centímetros aproximadamente. Nosotros no los hacemos de lazo porque no daríamos a basto", relata uno de los empleados en una cocina donde nada está mecanizado ni industrializado, todo es a la antigua usanza.
Puede que esa sea la magia de los churros de siempre, que cuestan 3,90 euros (seis) con una taza de chocolate en un Centro Histórico Turístico, tal y como declaró el Ayuntamiento.

El Manjar Blanco: Un Postre Medieval con Raíces Antiguas
El postre manjar blanco es una crema que te conquistará, en especial si disfrutas de la comida como un auténtico marqués. Este dulce es propio de la cocina medieval, aunque las primeras referencias datan del siglo II a.C. Fue Catón el Viejo el primero en describirlo en su 'De agricultura', pero también es un postre del que se habla en fuentes medievales.
Si buscas una receta de repostería para principiantes, la has encontrado. No te costará un gran esfuerzo elaborar este postre secular, disfrutarás de un sabor propio de un rey y sorprenderás a tus amistades siempre que vengan a tu casa. Hoy en día, es un postre muy apreciado en la Comunidad Valenciana y Cataluña, ya que es realmente único.
Receta del Manjar Blanco
- Tiempo de preparación: 60 minutos.
- Dificultad: Fácil.
- Coste: Muy económico.
- Número de comensales: 5.
Ingredientes:
- 1 litro de leche de almendras
- 180 gramos de azúcar
- 50 gramos de almidón de maíz
- 2 palos de canela
- Piel de medio limón
- Canela en polvo y almendras para decorar
Elaboración:
- Empieza por elaborar la leche de almendras en casa, lo cual no te va a llevar mucho tiempo. Pon a remojar 400 gramos de almendras crudas durante ocho horas. Una vez pasado el tiempo, escúrrelas e introdúcelas en un litro de agua limpia. Tritura las almendras con una batidora y fíltralas luego con un colador fino. Guarda el líquido resultante en una botella limpia y resérvalo en la nevera para disfrutar de él siempre que quieras.
- Echa un poco de leche en una taza y diluye el almidón de maíz en ella. Pon a hervir el resto de la leche con la canela, la piel de limón y el azúcar.
- Cuando la leche haya roto a hervir, añade la parte con el almidón de maíz diluido. No dejes de remover hasta que el líquido se espese. Utiliza una varilla para facilitar el trabajo y para introducir aire en el líquido. Al final, obtendrás una crema de un color similar a un café con leche claro.
- Una vez esté listo, introduce la crema en diferentes tarros de cristal, los cuales tendrás que esterilizar previamente, y guárdalos en frío para que los sabores terminen de construirse. El resultado final será una crema ligera, sabrosa y que puedes servir en cuencos, añadiendo un poco de canela por encima y, para darle un toque de frescura, almendras y ralladura de limón.

Truco Final para el Manjar Blanco
Como has podido ver, este es un postre que no conlleva complicación alguna, aunque sí vas a tener que dedicarle un poco de tiempo. Sin embargo, te deleitarás con un sabor que ya probaban los romanos. No dudes en utilizar la leche que más te guste y añadir otros sabores, como puede ser la vainilla. La ventaja de vivir en el siglo XXI es el acceso a una interminable variedad de ingredientes de todo el planeta. Con el postre manjar blanco vas a comer como un rey y sin mucho esfuerzo. ¡Ponte manos a la obra y que aproveche!
Otras Delicias Madrileñas: Las "Ranas" de la Churrería Antonio
En el barrio de Vallecas, en Madrid, hay una churrería que ha conseguido conquistar a todos los amantes de los churros y captar su atención gracias a un peculiar manjar que ha ganado popularidad en las redes sociales. Las "ranas" es una especialidad de la Churrería Antonio y han sido destacadas por el influencer gastronómico Cocituber como uno de los secretos mejor guardados de la capital. Esta comida, elaborada con masa de porras abierta y frita, se sirve con una mezcla de azúcar, anís y canela, lo que ofrece una explosión de sabor que ha conquistado hasta a los paladares más exigentes.
La Churrería Antonio, ubicada en la vallecana calle Sierra Vieja, ha sido un pilar de la comunidad desde 1935. Este negocio familiar ha logrado mantener viva la tradición de preparar churros y porras con una singular receta que ha ido pasando de generación en generación. Actualmente, Esther, la tercera generación al mando, aún hoy continúa elaborando estos productos con el mismo esmero que su familia desde hace décadas.
Durante los fines de semana, el establecimiento llega a preparar hasta 2.000 churros y servir 40 litros de chocolate caliente para todos los asistentes. Y es que el ambiente familiar y sus característicos productos han logrado atraer a una clientela fiel que aprecia la calidad de sus churros, sus porras, y sobre todo sus “ranas”.

El Local que se Hizo Viral en Redes Sociales
A pesar de la competencia en la capital, donde se encuentran churrerías de renombre como San Ginés, Churrerías Siglo XIX o Chocolatería 1902, entre otras, la Churrería Antonio ha conseguido hacerse notar, no solo por la calidad de sus churros, sino también por la experiencia y el amor con los que se elaboran. La historia del local se remonta a una época en la que Vallecas era un pueblo independiente de Madrid. A lo largo de los años, el establecimiento ha sabido adaptarse a los cambios sin perder su esencia, convirtiéndose en un referente gastronómico del barrio y de la ciudad de Madrid.
El auge del local en las redes sociales ha jugado un papel crucial en la difusión de las “ranas”. La recomendación de Cocituber ha atraído a más visitantes a este rincón de Vallecas, confirmando que las “ranas” son una experiencia única para quienes buscan algo diferente en el típico desayuno madrileño. Este fenómeno ha revitalizado el interés por la Churrería Antonio, consolidando su reputación como un lugar de culto para los madrileños que valoran la tradición y la autenticidad.
La fachada modesta y el ambiente familiar del local transportan a los clientes a otra época, pero es la constancia en la calidad de sus churros y porras lo que ha mantenido viva su popularidad durante casi 90 años.
Churros y Porras: Un Vínculo Emocional y Cultural
Todos los dulces tradicionales, todo sabor goloso y con arraigo encierra un mensaje emotivo. Convoca una especie de aroma interior, un estremecimiento fugaz de la memoria, a menudo asociado al regazo familiar y al paladar niño. La novela más lánguida y fragmentada del pasado siglo, En busca del tiempo perdido, arranca del recuerdo de una magdalena mojada en té. El genio de Marcel Proust se inspira en las sensaciones de unos dulces hogareños para reencontrarse con los escenarios mundanos y anímicos del pasado. La ‘magdalena de Proust’ se ha convertido en el síndrome de la nostalgia; en todo un signo del alcance cultural de los sabores y en el prototipo del aroma que estimula el recuerdo.
No es banal ni gratuito ese vínculo. Dicen los expertos que el olfato es el sentido más capaz y evocador que tenemos. Las personas recuerdan sólo el 2% de todo lo que ven y no más del 5% de lo que oyen, pero asimilan y retienen hasta el 35% de lo que huelen. La órbita de los dulces es acaso la más ancha y amena de las que potencian el universo del gusto. Es difícil concebir un mundo feliz sin dulces, aunque el azúcar de caña, que llegó a Occidente con la dominación árabe en España, sirviera inicialmente sólo de medicina y conservante.
Hacia 1815, Brillat-Savarin, incluye de la Fisiología del gusto -obra cumbre de la gastronomía universal- una meditación o apología del azúcar, calificándolo como la quintaesencia del sabor positivo, el indispensable cómplice de los dulces. Y es que se trata, probablemente, del anhelo más remoto del paladar humano. Refleja las primeras satisfacciones sápidas del hombre, iniciado seguramente en los placeres del paladar con el dulzor natural de la fruta derramada por los árboles.

El Churro como Emblema Repostero Español
Parodiando a Proust, me gustaría encontrar y destacar, en la diversidad de la gastronomía española, el emblema repostero que mejor activa la memoria del español. Me pregunto cuál será el vínculo emocional más colectivo y sugerente entre nuestros dulces tradicionales, el punto de arranque más genuino de nuestras motivaciones y evocaciones reposteras. Debería reflejar lo más cotidiano y lo más colectivo, pero nuestros dulces transitan del capricho y al santoral, van del convento recóndito a la golosina localista.
Los dulces tradicionales españoles pueden resultar poco menos que infinitos y de perfil singular siempre. Los hay decididamente santificados, como las torrijas de Semana Santa o los huesos de santo; festivos como los turrones y casi litúrgicos como el roscón de Reyes. Hay dulces caseros como el arroz con leche, el flan o la leche frita; regionales como las filloas gallegas, el frangollo canario o los frisuelos asturianos; castizos y verbeneros como los barquillos, los pestiños, los merengues, los mojicones o las lenguas de gato; locales como los empiñonados de Valladolid o los bizcochos de Vergara; burgueses como los canutillos o la crema catalana; monjiles como las almendras garrapiñadas, fugaces como los buñuelos de viento o decididamente moriscos como el Alajú.
Con la ocupación musulmana no nos llegó de inmediato el azúcar de caña, pero nos llegó el azahar, tanto en su forma de flor golosa de penetrante aroma, como en la eventualidad repostera, el agua de azahar, calculada o fortuita, pero siempre refinada, que generó incesante repostería. Los siete siglos de convivencia hispano-árabe fueron decisivos, y no sólo para nuestro patrimonio dulce.
El prototipo más concreto de la modalidad confitera conocida como frutos de sartén son los churros, un invariable pasajero del gusto español. La sustancia de la masa, su textura crujiente y característico aroma, activan la emotividad y transportan a la infancia desde su caprichosa forma de lazo. La origina el movimiento elíptico que traza el operario, con su aparatosa churrera cilíndrica encajada en el hombro, al depositar cada dosis sobre la inmensa sartén de aceite hirviendo, lo que añade un espectáculo artesanal de alto riesgo al oficio de hacer churros.
Antiguamente los lazos de churros se ensartaban en junquillos verdes y flexibles atados para transportarlos y ofrecerlos por docenas, mientras las vendedoras, con una canasta plana en la cadera repleta de porras y buñuelos, voceaban su comercio ambulante y dominguero, un modo particularmente entrañable de emprender el día de fiesta.
Curiosamente, los churros se han implantado en el desayuno más que en la merienda, cuando aparecen, más propicios, los picatostes o bastoncillos de pan perdido humedecidos, fritos y azucarados. La dimensión más gruesa y porosa de los frutos de sartén son las citadas porras. Incorporan, como los buñuelos, claras de huevo a la masa para esponjarse y se fríen en enormes ruedas espirales que se proporcionan cortados con una tijera de confitero al servirse.
El espectáculo de las churrerías entronca con el ánimo festivo de Madrid, donde trasnochan o madrugan lugares legendarios como la Chocolatería San Ginés, aunque radican, con mayor o menor esplendor establecimientos de parecido corte por toda España. En Andalucía se elaboran versiones de grosor intermedio entre los churros y las porras, llamados tejeringos, tallos o calentitos, efectuados con una masa algo más liviana que el churro y bien azucarados. Son sencillamente deliciosos en las competentes churrerías de Sevilla y Cádiz.
Los churros domingueros de nuestra infancia nos transportan a la noción de la comida como recompensa. Fueron y siguen siendo un signo de la complacencia del adulto con la conducta infantil, una gratificación que se eleva a la máxima dignidad con los dulces.

El Chocolate: El Compañero Ideal del Churro
Para los aztecas era el ‘manjar de los dioses’, la aromática semilla fermentada del árbol del cacao, uno de los desconocidos e inquietantes comestibles que los conquistadores españoles se encontraron en la prodigiosa mesa de Moctezuma el emperador azteca. Los colonizadores españoles en América introdujeron en Europa el chocolate fraccionado en dos sustancias: materia sólida o pasta de cacao, y materia grasa o manteca de cacao, sustancias que combinadas en proporciones variables encontraron en el azúcar, a partir del Siglo de las Luces (s. XVIII), el mejor aliado para su penetración en nuestros gustos, poco afines entonces al potente sabor amargo que entre nosotros se identificaba con los venenos.
A pesar de las muchas leyendas y avatares que circularon sobre el chocolate, pronto arraigó y se confeccionó para beber caliente ‘a la española’, es decir, espeso, oscuro y aromático. La combinación de chocolate caliente con churros es una tradición arraigada en España, especialmente en Madrid, donde lugares como la Chocolatería San Ginés son un referente.
Elaboración artesanal de porras en Chocolatería 1902 Madrid
Otras Variedades de Manjar y Dulces Tradicionales
Aunque el foco principal de este artículo son los churros y el manjar blanco, el texto original menciona diversas variedades de manjar y otros dulces tradicionales españoles, que enriquecen el panorama gastronómico.
Variedades de Manjar
- Manjar Clásico/Familiar/Tradicional: Versátil, ideal para untar, acompañar desayunos y como base para salsas.
- Manjar Repostero/Pastelero: Más concentrado y opaco, diseñado para pastelería, rellenos y bases de ganaches.
- Manjar Heladero: De uso industrial, con tonalidad oscura para saborizar bases de helado intensamente.
- Manjar Alfajorero: Consistencia específica para rellenar alfajores y evitar desplazamiento de las tapas.
Manjares según el Tipo de Leche:
- Vaca: La opción más común, con consistencia, sabor y dulzor equilibrados.
- Oveja: Color tostado claro, consistencia liviana y alta en proteínas.
- Cabra: Suave, cremoso, con leve acidez y dulzor natural.
Además, se mencionan variedades como Manjar Nuez, Manjar con leche de cabra, Dulce de leche argentino (Malfrey, Cuisine & Co, Los Nietitos), Dulce de leche sin azúcar y Manjar casero.
Otros Dulces Tradicionales Españoles
- Sobao Pasiego: Tarta de la región cántabra, amparada por Indicación Geográfica Protegida.
- Ensaimada Mallorquina: Dulce con manteca de cerdo, con referencias escritas desde el siglo XVII.
- Tarta de Santiago: Con almendra, azúcar y huevo, documentada desde 1577.
- Mazapán Toledano: Mezcla de almendras y azúcar, con origen en el Mediterráneo oriental.