Leyenda Guaraní: Tupá y el Origen del Maíz

El maíz (abatí) ha sido considerado siempre por los indígenas como una bendición del cielo. Hay varias versiones de esta leyenda, pero consignaremos la más popular, por haberla oído también de labios de los indígenas del Pilcomayo.

Campo de maíz, cosechando

La Sequía y el Desespero del Pueblo Guaraní

El país de los guaraníes sufría una gran sequía; sus ríos se secaban y los peces habían muerto; los cazadores regresaban con las manos vacías; los pantanos desaparecían junto con las aves. Era la primera vez que aguantaban hambre. Le rogaban a Tupá que trajera la lluvia, pero el sol seguía resecando la tierra. Todo el país de los guaraníes sufría de sequía y de hambre.

Fue en aquellos momentos cruciales en que no se sabe si es posible sobrevivir o perecer. Todo parecía indicar que ocurriría esto último, pues durante largos meses no asomaba una nube en la comba celeste. Los ríos se secaban, se marchitaban los árboles, los animales morían de sed... Tolvaneras irresistibles barrían los campos desolados. El pueblo, paciente al principio, desesperaba, enloquecía... Todas las rogativas habían resultado estériles.

En la vasta tierra de los guaraníes, una severa sequía castigaba a la población. Los cazadores retornaban de la selva con las manos vacías, pues los pantanos se habían secado y las aves habían emigrado ante la falta de agua. Sin embargo, la miseria persistía en todas partes, y muchos perdieron la vida.

La Intervención de Tupá y el Sacrificio de Avatí

Dos jóvenes guerreros, Avatí y Ñandé, sentían lástima por el llanto de los niños y estaban dispuestos a dar su vida para salvarlos. En medio de este panorama desolador, estos dos guerreros solteros, Avatí y Ñandé, se adelantaron al grupo.

Apenas pronunciaron sus deseos, apareció un desconocido que les aseguró que si hablaban en serio Tupá les ayudaría. El le había mandado a la tierra a buscar un hombre que quisiera dar su vida por los demás, surgiendo de su cuerpo la planta que les daría de comer a todos. Les anunció que la planta sería cultivada cerca de sus pueblos y sus frutos se guardarían para tiempos de sequía; que con la planta divina ya no pasarían hambre los guaraníes.

Entonces el "rubichá" (jefe de la tribu), en una sostenida cábala con los genios del cielo, develó el secreto: -Tupá está enojado con sus hijos y por eso los castiga con el hambre, la sed y la muerte si no vuelven los ojos a EL... El pueblo entero se arrepintió y cayó de rodillas, jurando amor y respeto a sus leyes. Pero el Rubichá continuó: -Eso no basta. Para aplacar la ira de Tupá, es necesario sacrificar la vida de uno de sus hijos. En ese momento, un hombre desconocido apareció ante ellos y les dijo que Tupá había escuchado sus palabras.

Entonces, entre los circunstantes salió un guerrero joven que exclamó con firmeza: -Yo me ofrezco al sacrificio... Lloraron los suyos y lloró el pueblo de emoción y dolor. Pero el joven mantuvo su decisión inquebrantable. El rubichá, dolorido, no tuvo otro recurso que aceptar el sacrificio de aquel joven, cuya vida podría ser tan útil.

LA LEYENDA DEL MAÍZ 🌽🌽, Cuento #7

La Elección y el Enterramiento

Ambos ratificaron su deseo, que obedecía a un deseo superior, el de Tupá. No era necesario que ambos se sacrificaran. Uno de ellos ha de quedar vivo para buscar un sitio al lado del río, cerca al pueblo y aflojar la tierra para enterrar a su amigo. Del cuerpo de aquel nacerá la planta de Tupá, quien le dará la vida eterna por su sacrificio en favor de los demás. Ante la propuesta, ambos jóvenes se levantaron y declararon: «Moriremos, si Tupá así lo dispone».

Los amigos buscaron el lugar y se dieron la mano. Fue elegido Avatí y Ñandé alistó la tierra; llorando lo enterró. Avatí fue el elegido por Tupá, y Ñandé, entre lágrimas, lo enterró. Caminaron hasta un sitio despoblado de árboles, cavaron una fosa y en ella tomó el joven su voluntaria sepultura. La tierra, fuertemente apisonada lo cubrió totalmente, dejando sólo fuera la nariz del infortunado.

El Milagro del Maíz

Todos los días Ñandé lo visitaba, regaba la tierra con la poca agua del río. Y entonces las palabras de Tupá se cumplieron: de la tierra brotó una planta desconocida que creció, floreció y dio sus primeros frutos en abundancia. A los pocos instantes asomó una tormenta en el horizonte, que vertiginosamente descendió sobre la selva. El viento y los relámpagos sembraron el pánico entre los hombres. Luego comenzó a llover. Una lluvia abundante, dulce, que duró toda la noche. ¡El milagro se había cumplido!...

Al día siguiente, la tribu se dirigió al lugar del sacrificio para testimoniar su gratitud. Pero en el mismo lugar, donde el día antes asomara la nariz del joven, había brotado una planta de largas hojas verdes entre las que asomaban espigas con granos de oro. Era el maíz, y le llamaron “abati”, que quiere decir Nariz de indio.

Ñandé llevó a su gente a conocer la planta y les explicó lo ocurrido. Apareció nuevamente el desconocido para confirmar la historia diciendo que Avatí viviría para siempre mientras sembraran los granos y cuidaran los surcos de cultivo, y para prometerles que Tupá mandaría la lluvia para que nunca vuelva a haber hambre entre los guaraníes. Los hombres se inclinaron ante el mensajero de Tupá y celebraron el milagro, danzando, cantando y alabando a su creador. Desde entonces, el maíz crece y nutre a todos con sus deliciosos frutos.

Otras Leyendas sobre el Origen del Maíz

El Mito del Upayaretu o Ñandú Tumpa

Upayaretu es, para los chiquitanos, “el dios tutelar de los niños”. Tiene la forma de un avestruz gigante y habita en el cielo. Este mito cuenta con ligeras variantes de acuerdo a la comunidad donde ha sido recogida. La historia central narra, que un grupo de niños está al aire libre, jugando, bailando o cantando durante la noche. Algunas madres se dan cuenta de lo que sucede y aterradas salen de sus hogares para rescatar a sus niños. Una de ellas se aferra a los pies de sus hijos, pero el dios Ñandú es colosal y avanza distancias gigantes con un par de aleteos. Entonces la madre cae al suelo, sin sus hijos, y ve que en sus manos sostiene algunos de los dedos de los pies de sus niños. Lo único que le queda de ellos.

La historia concluye con que la madre, triste por perder a sus hijos, agarra sus deditos y los mete en un cántaro. En otra versión, es el mismo Ñandú Tumpa quien le dice, durante un sueño, que los entierre en el campo. Algunas versiones relatan que lo que brota es la planta de maíz, otras dicen que es la planta de maní. Para que las madres nunca olviden a sus niños el avestruz gigante los ha convertido en estrellas, al llevarlos hasta el firmamento.

Los Izoceños cuentan que el cielo no tenía estrellas. Por eso baja Ñandú Tupa y se lleva a los niños. Al contrario de la primera narración, esta vez la madre se agarra de una de las patas de Ñandú Tupa y le arranca una garra que luego planta en su sembradío. Para los Izoceños - Guaraní, Ñandú Tupa está en el cielo y es la Cruz del Sur. Por otro lado, esta deidad también tiene un rol central en el abastecimiento de los animales. Para los guaraníes el “Ñandú que está en el cielo es la madre de los Ñandú”. Es quien garantiza la fertilidad de los animales. El Ñandú está entre las deidades centrales de los Guaraníes.

Leyenda Azteca del Maíz

La leyenda del maíz nos cuenta cómo los dioses regalaron este preciado grano a los humanos, enseñándonos valores como la gratitud, la paciencia y el respeto por la naturaleza.

El Origen del Maíz: Una Historia de Necesidad y Compasión

Hace mucho tiempo, cuando la Tierra era joven y los primeros hombres y mujeres vivían en ella, no conocían el maíz. Se alimentaban de raíces y frutas silvestres, pero su vida era difícil, pues a menudo pasaban hambre. Los dioses que vivían en el cielo observaban a los humanos y se compadecían de ellos. Sabían que necesitaban un alimento más abundante y nutritivo para sobrevivir. Entonces, decidieron enviarles un regalo especial: el maíz.

La Prueba Divina: Escondiendo el Tesoro Dorado

Sin embargo, los dioses no querían darlo fácilmente. Querían que los humanos aprendieran a valorar su esfuerzo y la paciencia. Por eso, escondieron el maíz dentro de una montaña. Solo aquellos que demostraran verdadero esfuerzo y dedicación podrían obtenerlo. Los hombres más fuertes intentaron romper la montaña con piedras y palos, pero no lograron nada. Otros intentaron escalarla, pero era demasiado alta.

Quetzalcóatl y la Hormiga: Sabiduría ante la Fuerza

Desesperados, los humanos pidieron ayuda a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, un dios bondadoso y sabio. Quetzalcóatl vio que los humanos realmente necesitaban el maíz, pero en lugar de usar la fuerza, decidió usar su inteligencia. Se transformó en una hormiga negra y, con paciencia, se metió en las grietas de la montaña. Caminó y caminó hasta encontrar un grano de maíz dorado. Con gran esfuerzo, lo tomó en su boca y salió lentamente de la montaña.

La Creación y el Maíz: Un Vínculo Profundo

Otras versiones de la leyenda también narran la profunda conexión entre el maíz y la creación de los seres humanos. Se cuenta que los dioses, tras haber creado el sol, la luna y las estrellas, se dispusieron a crear a los seres humanos. Tras varios intentos, con la ayuda de animales como el Gato, la Zorra, el Loro, la Cotorra y el Cuervo, descubrieron el agua que sería parte de la carne de los nuevos seres. Pero antes, los dioses introdujeron esta agua en los granos de maíz. Con los granos sueltos, desleídos en agua de lluvia serenada, hicieron las bebidas necesarias para la creación y para la prolongación de la vida de los nuevos seres. De esta manera, el maíz se convirtió en un elemento fundamental desde el origen mismo de la humanidad.

La Enseñanza de Quetzalcóatl: Cultivo y Gratitud

Cuando Quetzalcóatl llegó con los humanos, les entregó el pequeño grano de maíz y les enseñó cómo sembrarlo, cuidarlo y cosecharlo. Gracias a su sabiduría, el maíz empezó a crecer y se convirtió en el alimento principal de muchas civilizaciones. Desde entonces, el maíz es considerado un regalo sagrado de los dioses, y los pueblos indígenas lo han cultivado con respeto y gratitud.

Valores y Moraleja de la Leyenda del Maíz

La leyenda del maíz nos enseña que la inteligencia y la paciencia pueden superar la fuerza bruta. También nos recuerda la importancia de valorar los regalos de la naturaleza y el esfuerzo detrás de cada alimento que llega a nuestra mesa.

  • Gratitud 🙏: La historia nos enseña a valorar los regalos que recibimos, tanto de la naturaleza como de aquellos que nos ayudan. El maíz fue un obsequio de los dioses a la humanidad, y los pueblos indígenas aprendieron a cultivarlo con respeto y agradecimiento. Así, nos recuerda la importancia de no dar por sentado lo que tenemos y de ser agradecidos por lo que nos brinda la tierra.
  • Perseverancia 💪: Los humanos intentaron varias formas de obtener el maíz antes de lograrlo. Aunque al principio fallaron, no se rindieron y buscaron ayuda en Quetzalcóatl, quien encontró una solución. El esfuerzo constante y la paciencia nos llevan al éxito, incluso cuando las cosas parecen imposibles.
  • Respeto por la naturaleza 🌎: El maíz no solo es un alimento, sino un símbolo de la relación sagrada entre los humanos y la tierra. La leyenda nos enseña a cuidar y valorar los recursos naturales, ya que de ellos depende nuestra vida. Sembrar, cosechar y respetar los ciclos de la naturaleza son acciones esenciales para el bienestar de todos.
  • Sabiduría 🧠: La historia muestra que la inteligencia es más poderosa que la fuerza bruta. Mientras los hombres usaban la violencia contra la montaña sin éxito, Quetzalcóatl optó por una solución más astuta y paciente. Este valor nos recuerda que pensar antes de actuar y encontrar formas creativas de resolver problemas nos lleva más lejos que la fuerza sin reflexión.

El Maíz: Centro de Origen y Legado Cultural

México es reconocido como el centro de origen del maíz. La domesticación y el desarrollo de este grano fue un proceso complejo que involucró diversas áreas del sur y el centro de México. Este proceso fue una creación colectiva de todos los pueblos que desde la antigüedad han habitado esta porción de la tierra americana, resultado de la sabiduría y la pasión de miles de experimentadores agrícolas a lo largo de milenios. El maíz, tras su desarrollo en América, fue introducido en Europa en el siglo XVII.

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