Cuando cursaba apenas el segundo año de Ingeniería Civil en la Adolfo Ibáñez, Benjamín Castillo -desde entonces conocido como el Pollo, y poco antes como Miniman, ambos apodos que le adjudicaron por su porte- se permitió recuperar una pasión que a esas alturas descansaba en un segundo plano, pero que en otro momento le supuso alguna encrucijada: crear contenido con su propio sello a través de videos breves que pretendían rescatar las dificultades diarias que enfrenta cualquier joven estudiante.
Su “público” de momento se reducía a sus compañeros y su hermano mayor, hasta que este último le enseñó una plataforma desconocida para compartir esos cortos. Aparte, su humor generaba cierto consenso. Eso lo pudo convalidar, a mayor escala, cuando después sus videos se publicaron en páginas de memes. Ése, en resumidas cuentas, fue el germen de una exitosísima trayectoria dedicada a las redes sociales, cuando estas aún no revestían la importancia que tienen hoy. La recompensa no fue inmediata, por supuesto. Le costó años de disciplina, como le gusta destacar a él, y paciencia, porque el dinero demoró eso: varios años. A fin de cuentas, cuando él empezó ni siquiera figuraba el concepto de influencer.
Pollo Castillo, considerado un pionero de los influencers criollos, cuenta su historia completa, los claroscuros de su trabajo y confiesa que su sueño pendiente es hacer historia en la Quinta Vergara. En los próximos días, se presentará en Concepción y luego en Los Ángeles.

El Salto al Stand-Up Comedy
Benjamín Castillo siempre quiso hacer stand-up comedy. Desde que estaba en la universidad, y en paralelo haciendo los videos, expresaba su deseo de llevar lo digital a lo real, de "ver las risas y no el 'jajaja', sino las caras de las personas". Empezó antes de la pandemia, llegando a realizar diez shows en bares y en un teatro, el Cine Arte de Viña. Estaba "súper entusiasmado, iba súper bien, llenando rápido, viento en popa", cuando la pandemia "cortó las alas a hartas personas".
Existía la posibilidad de empezar a hacer los shows de forma online, pero consideró que "es lo mismo que hacer mis videos". La razón por la que hace esto "no es por tener otros ingresos sino que por la experiencia misma de estar ahí, hacer reír y desafiarme a mí mismo".
Temática y Estilo del Stand-Up de Pollo Castillo
Su show es una narración de sus vivencias desde la infancia. Aunque nació en Chillán, se considera "sureño" porque toda su infancia y sus recuerdos se remontan a Puerto Montt. También incluye muchos chistes sobre "cosas que nos van pasando durante la vida, que es más común de lo que todos pensamos, que somos muy parecidos", especialmente en Chile.
Aborda temas como la infancia en un colegio de puros hombres, el significado de los roles, el ser el más chico del curso, y los tipos de bullying que existían, siempre desde una perspectiva cómica y extrayendo un lado positivo de aprendizaje. También explora lo que significa crecer y madurar: los primeros amores, salir a bailar, los rechazos iniciales, el pololeo, y conocer a los suegros; "cosas que a todos nos pasan". Afirma que hay ideas que no quiso concretar en sus videos porque pensó: "esto es mejor decirlo y actuarlo".
Hitos y Sueños en los Escenarios
Presentarse en el Nescafé de las Artes fue un hito muy importante para Pollo Castillo. Es un escenario por donde han pasado artistas de alto nivel que admira, como Felipe Avello, Edo Caroe o Coco Legrand. Quería "tener ese pequeño trofeíto de haber pasado por ahí", un escenario grande y pulido, con capacidad para 945 personas, que el público asocia con espectáculos de calidad.
Llevaba varias presentaciones en el Teatro San Ginés, pero el Nescafé era distinto. Hizo mucha publicidad en sus redes, destacando la importancia de la fecha. Su familia de Puerto Montt y amigos de antaño asistieron al show, donde improvisó y se sintió "en su salsa", durando una hora y cincuenta y dos minutos.
El comediante sueña con presentarse en el Festival de Olmué y el Festival de Viña del Mar, considerándolos "grandes desafíos". Aunque son escenarios que pueden ser "el cielo y el infierno", se ha visualizado allí, viendo cómo el público te hace más reconocido tras el éxito en estos festivales televisados e importantes. Se prepara para llegar a Viña "con lo mejor", con la mentalidad de "sacarme el siete" (obtener la máxima calificación), no solo de "tener una presentación pasable".
Ser Emprendedor Stand Up
Formación y Primeros Pasos en el Humor
Desde chico, Benjamín Castillo siempre fue autodidacta y le encantaba subirse a los escenarios del colegio para animar bingos, kermeses y el día del profesor. En las alianzas, era el encargado de representar a su curso en el stand-up, contando chistes "a lo Álvaro Salas". Tenía "ese carisma", le daba risa a la gente "por mi cara o por mi forma de ser, estúpida, era bien payaso". No le daba vergüenza "hacer cosas, ni hacer el ridículo", y tenía "el chistecito de la palabra, con la palabra técnica, más rebuscada que te puede encajar más". En la universidad, también era de animar, y aunque no había guiones, la improvisación era constante, lo que le hizo darse cuenta de su facilidad para "sacar a la gente de su zona de confort sin pasarla a llevar pero haciendo reír al resto, no de él sino que con él".
Comenzó a escribir su guion de stand-up en la universidad. No solía ver muchos videos, a lo más, los shows de Stefan Kramer, a quien considera su ídolo número uno y a quien imitaba en el colegio. "Escribí mucho, tenía muchas cosas escritas sueltas, las ordené en un guion, un storytelling, una línea de tiempo desde que era chico y fui uniendo las cosas". Su primer show fue en el Bar Blue ante sesenta personas, cincuenta de las cuales eran amigos y familiares.
Camino a ese primer show, le dijo a una conductora de Uber: "algún día me verás en el Festival de Viña". Antes de subir al escenario, se tomó un par de schop de chelada por los nervios, lo que le dio un "poquito de perso". Su primer chiste fue improvisado: ante un silencio absoluto, sacó un papel y, tembloroso, se acercó al micrófono para decir "¡toc-toc!", lo que rompió la tensión y desató las risas del público, permitiéndole soltar el resto de su rutina. El show fue "familiar y bien bueno, salió bacán".
Influencias y Referentes
Al ver a Stefan Kramer por primera vez, Benjamín Castillo quedó "impactado". "Dije: esto es todo lo que quiero hacer". De chico, lo que mejor se le daba era hacer reír al curso; fue presidente de curso en cuarto básico "solamente porque era chistoso". Soñaba con ser payaso, pero no se imaginaba en un circo. La aparición de Kramer en el Festival de Viña, con sus imitaciones y la inteligencia para decir el chiste, lo inspiró profundamente. A partir de entonces, se puso a imitar, incluso ofreciendo imitaciones de Sergio Lagos en las discotecas por cien pesos.
También admira a otros comediantes como Edo Caroe, Felipe Avello y Fabrizio Copano, por su soltura y la manera en que manejan el humor. Le atrae el humor negro de Caroe, la naturalidad de Avello y la jerga técnica que emplean, algo que él mismo ha trabajado para incorporar en sus chistes, buscando la palabra "más chistosa, más refinada".
De Movie Maker a la Monetización en Redes Sociales
En el colegio, Benjamín Castillo descubrió Movie Maker en la asignatura de Tecnología mientras realizaba videos de religión. "Me enamoré del programa" y empezó a transformar tareas en proyectos simpáticos y entretenidos. Tenía una cámara en casa y buscaba hacer videos distintos, como grabar a un compañero "más curao" para una tarea sobre "No al alcohol, no a las drogas", demostrando su facilidad para convertir "cosas reales en proyectos digitales entretenidos". Su video siempre era el mejor de la clase, incluso si no cumplía del todo con la formalidad.
Al salir del colegio, un apoderado le aconsejó que se dedicara a hacer videos, comparándolo con Nico Massú por su talento. Aunque en ese momento Castillo estaba enfocado en estudiar ingeniería y un año sabático, con el tiempo se dio cuenta de que "todo calzaba".
Más tarde, su hermano le mostró Vine, una aplicación de videos de 6.8 segundos. Encontró el desafío de hacer reír en tan poco tiempo "súper desafiante". Sumó "cinco o seis mil" seguidores, pero la plataforma "quebró, fracasó". Sin saber qué hacer con sus videos, decidió subirlos a su perfil personal en una tarde-noche cercana a Navidad, "pa’ dejarlos, por último, alojados en una parte". Recibió una cantidad inusual de likes y comentarios que lo animaban a seguir. Luego, páginas de memes comenzaron a subir sus videos, y Benjamín "empecé a tener seguidores", sintiendo que "aquí nace una estrella".
Continuó apareciendo en páginas de memes hasta que un periodista del programa Ridículos Chile (con Eduardo Fuentes) lo contactó. Le ofrecieron una sección semanal, solicitándole tres videos sin remuneración económica, pero con la promesa de hacerse conocido. Su primera aparición en Canal 13 fue un hito que celebró con amigos, aunque "todavía ninguna moneda". Mantuvo una constancia inquebrantable durante tres años, subiendo videos religiosamente, incluso mientras cursaba su carrera universitaria. "Así llegué a tantos seguidores... pero nada de plata. Ni siquiera canjes". Aunque YouTube monetizaba, sus videos cortos no generaban ingresos significativos. En ese momento, no podía imaginar el mundo de Instagram y las marcas, pero "sabía que ese millón y medio [de seguidores] se iba a capitalizar".
Sus primeras ganancias llegaron con Woki Toki. Fue contactado para grabar un sketch años después de haberles escrito un mensaje, bromeando sobre su deseo de trabajar con ellos. Cuando le preguntaron si le gustaría hacer un video, su respuesta fue un rotundo "sí, obvio". La monetización verdadera como influencer "recién empezó cuando aparecieron las historias de Instagram".