La mayoría de los alimentos tienen una fecha de duración para ser consumidos. Sin embargo, existen algunos que son más peligrosos que otros si se ingieren una vez superada esa fecha. Aunque la enseñanza sanitaria nos ha educado a desechar los alimentos que han excedido su fecha límite de consumo, algunas personas afirman que es posible consumirlos sin riesgo. No obstante, es crucial comprender las diferencias entre los tipos de fechas indicadas en los envases y los riesgos asociados al consumo de productos en mal estado.

La Importancia de las Fechas de Consumo: Caducidad vs. Consumo Preferente
Para abordar el consumo de alimentos una vez superada la fecha indicada, hay que tener claro que la fecha de caducidad y la fecha de duración mínima (o consumo preferente) no son lo mismo. Esta distinción es fundamental para la seguridad alimentaria.
Fecha de Consumo Preferente
La fecha de consumo preferente, que suele aparecer con la leyenda "Consumir preferentemente antes de…", indica la fecha hasta la cual el alimento mantiene inalteradas todas sus propiedades organolépticas (sabor, aroma, textura) y nutricionales. Si un alimento se consume después de esta fecha, no necesariamente es peligroso para la salud, pero puede haber perdido parte de sus cualidades o no ser enteramente satisfactorio. Por ejemplo, en el caso de un yogur caducado, se puede observar que tiene mucho suero arriba, lo que indica que sus cualidades óptimas ya no están garantizadas.
Fecha de Caducidad
La fecha de caducidad establece la fecha hasta la cual el alimento puede consumirse de forma segura. A partir de esta fecha, el consumo de un alimento deja de ser completamente seguro, ya que existe un alto riesgo de desarrollo de bacterias patógenas que pueden causar enfermedades. Por lo tanto, no se debe consumir ningún alimento una vez superada esta fecha. Para productos que superan los 18 meses, a veces basta con indicar el año.
Alimentos sin Fechas Específicas
No todos los alimentos llevan fecha de caducidad ni fecha de consumo preferente. Esto incluye bebidas alcohólicas con una graduación superior a un 10% del volumen, vinagre, sal, azúcar y chicles. Sin embargo, esto no significa que no puedan estropearse con el tiempo, afectando su calidad, aunque no necesariamente supongan un riesgo para la salud.
Riesgos para la Salud al Consumir Alimentos Caducados
Consumir alimentos caducados puede acarrear múltiples enfermedades transmitidas por alimentos (ETA) y otros problemas de salud. La recomendación general ante un alimento caducado es desecharlo, ya que no vale la pena poner en peligro la salud.
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Malestar Físico y Síntomas Gastrointestinales
El consumo de alimentos caducados puede generar malestar estomacal que, a menudo, va acompañado de vómitos. Otros síntomas adicionales incluyen gases e hinchazón. La intoxicación es producida por el consumo de bacterias peligrosas que crecen rápidamente en los alimentos ya caducados.
Pérdida de Valor Nutricional y Cambio de Gusto
A medida que pasa el tiempo, la calidad de los alimentos disminuye, lo que se traduce en una reducción de su sabor y una menor satisfacción al consumirlos. Además, si se comen alimentos caducados, el organismo puede estar perdiendo nutrientes esenciales, e incluso podría afectar al sistema inmunológico. Algunos alimentos caducados pueden aumentar el riesgo de enfermedades crónicas como problemas cardiovasculares, reproductivos, riesgo de cáncer, problemas digestivos y hasta problemas neuronales, especialmente en productos procesados como el pan, donde hay un mayor riesgo de encontrar químicos nocivos y tóxicos.
Intoxicación Alimentaria y Crecimiento Bacteriano
Cualquier alimento que haya caducado puede propiciar un crecimiento de bacterias que generen enfermedades transmitidas por alimentos. Hay muchos microorganismos que pueden causar estas enfermedades; entre los más comunes están Campylobacter, Salmonella y Norovirus. La listeria es otro germen que puede aparecer en productos envasados, y si se supera la vida útil de un alimento susceptible de tener listeria, esta puede multiplicarse. La listeria es peligrosa porque puede crecer en condiciones donde no hay aire y a temperaturas de refrigeración, incluso en la cadena de frío, por lo que puede afectar productos envasados al vacío.
Según el Ministerio de Salud, en Chile, el mayor número de brotes de Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETA) se manifiestan en el período primavera-verano y ocurren por fallas en el procesamiento y manipulación de los alimentos. Aproximadamente la mitad de los casos tiene su origen en el hogar, asociándose en verano principalmente al consumo de productos del mar.
Alimentos de Mayor Riesgo y Casos Específicos
Los alimentos más riesgosos desde el punto de vista microbiológico son aquellos altos en proteínas y con alta disponibilidad de agua, que son perecederos. Esto incluye leches, yogures, quesillos, carnes y pescados de todo tipo, y platos listos para servir refrigerados. Para productos veganos que comparten estas características (como alternativas lácteas o cárnicas a base de plantas con alta humedad), los riesgos de deterioro bacteriano son igualmente elevados.
Miel: Una Excepción
La miel es uno de los productos que se rotula como de duración indefinida, debido a su alto poder antibiótico que le permite autopreservarse.
Frutas y Verduras
En el caso de las frutas y verduras, lo mejor es fiarse de los sentidos. El aspecto, el sabor, la textura y el olor permiten saber en qué estado se encuentran. Si no están exageradamente pochas o deterioradas, pueden consumirse. Sin embargo, hay que tener precaución con las zonas podridas o enmohecidas. Salvo en jamones y embutidos curados, quesos duros o vegetales turgentes (como una zanahoria o un pimiento), en los demás alimentos no se puede simplemente quitar el moho, ya que los mohos son hongos que colonizan los productos y penetran profundamente a través del micelio, unas finas ramificaciones difíciles de percibir a simple vista. Si la fruta o verdura está completamente blanda y enmohecida, es mejor desecharla.

Gestión Segura de Sobras
Las sobras se pueden guardar durante 3 o 4 días en el refrigerador. Después de este tiempo, el riesgo de intoxicación alimentaria aumenta. Si no se planea consumir las sobras dentro de 4 días, se recomienda congelarlas inmediatamente, ya que las sobras congeladas se mantienen durante un tiempo prolongado.
Después de 2 horas de haber estado fuera del refrigerador, es necesario enfriar los alimentos que estuvieron a temperatura ambiente. La clave para la seguridad es conservar la temperatura tanto de las comidas calientes como de las frías para reducir el tiempo que los alimentos permanecen en la "zona de peligro" (entre 4 °C y 60 °C). Se deben mantener las comidas calientes a más de 60 °C y recalentar las sobras hasta que la temperatura interna alcance los 74 °C, revolviendo la comida para asegurar un calentamiento uniforme. Es esencial descongelar las sobras de forma segura antes de cocinarlas.
Particularidades de la Proteína en Polvo
La proteína en polvo, a menudo consumida como suplemento, presenta una situación diferente a otros alimentos perecederos. No tiene una fecha de caducidad estricta, sino una fecha de consumo preferente. Esto significa que el producto mantiene su calidad óptima hasta esa fecha, pero puede seguir siendo seguro para el consumo después, siempre que se almacene correctamente.
Aunque el consumo de proteína en polvo unas semanas o incluso meses después de la fecha de consumo preferente suele ser seguro, su calidad puede comenzar a disminuir. No se echa a perder como productos de origen animal, pero puede perder parte de su contenido proteico, sabor y valor nutricional con el tiempo. Los signos de que la proteína en polvo está en mal estado incluyen un olor desagradable, cambios en la textura (como la formación de grumos), mal sabor o un color distinto. En tales casos, es mejor desecharla. Se estima que la proteína en polvo puede durar al menos de 3 a 6 meses después de la fecha de consumo preferente si está abierta, y de 6 a 9 meses si está cerrada, dependiendo de las condiciones de almacenamiento y el tipo de proteína.

Prevención y Recomendaciones Clave
Para mantener los alimentos en óptimas condiciones y evitar riesgos, es fundamental seguir algunas pautas:
- Almacenamiento adecuado: Guardar los alimentos en un lugar fresco, seco y oscuro, lejos de la luz solar directa y la humedad, ayuda a prevenir la degradación de su calidad.
- Mantener el envase sellado: Asegurarse de cerrar bien los envases después de cada uso evita la exposición al aire y la humedad, previniendo la formación de grumos y la absorción de olores.
- Evitar la contaminación cruzada: Utilizar utensilios limpios y secos para manipular los alimentos es crucial.
- Vigilar las fechas: Conocer la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente, y consumir primero los productos más antiguos, ayuda a evitar que se deterioren.
- Revisión visual y olfativa: Antes de consumir cualquier alimento, verificar su apariencia, olor y sabor. Si se nota algún cambio significativo, es mejor desecharlo, ya que las bacterias patógenas a menudo no alteran el sabor, el olor ni el aspecto de los alimentos.
La vorágine de la vida moderna a veces nos impide prestar atención a detalles sencillos pero importantes como las etiquetas de los alimentos. Es crucial estar atentos, ya que en ocasiones un alimento en mal estado no altera sus condiciones de envasado, y podríamos consumirlo creyendo que está bien cuando no lo está, lo que representa un gran riesgo para la salud.
Si se ha ingerido por equivocación algún alimento en mal estado y se presentan síntomas persistentes como dolor abdominal, náuseas, vómitos o diarrea, es necesario acudir rápidamente a un especialista médico para que valore el tratamiento a seguir.