La Nutrición y el Helado en la Tercera Edad: Claves para una Vida Saludable

El aumento de la esperanza de vida en la población es un logro significativo para la humanidad, impulsado por los avances en las Ciencias de la Salud, incluyendo la nutrición humana. Paralelamente, el concepto de calidad de vida ha adquirido un protagonismo central en la tercera edad, donde las personas no solo buscan una larga existencia, sino también llegar a la vejez en el mejor estado físico y mental posible.

La Importancia de la Nutrición en el Envejecimiento

Un estado nutricional alterado constituye un factor de riesgo que se asocia a numerosas enfermedades crónicas y deteriora el pronóstico en patologías agudas. La alimentación, el estado nutricional y la actividad física que realiza cada individuo influyen en la evolución de la fragilización, y la malnutrición puede ser el origen o la consecuencia de esta condición. La dieta para los adultos mayores debe ser equilibrada, variada y gastronómicamente aceptable para mantener la salud física y emocional.

Infografía sobre los cambios fisiológicos y nutricionales en la tercera edad

Desafíos Nutricionales en Adultos Mayores

Existen elementos relacionados con el envejecimiento que se asocian con una malnutrición y, preferentemente, con una desnutrición. Algunos cambios del envejecimiento que inciden en la alimentación y en el estado nutricional del adulto mayor son:

  • Factores físicos: Problemas de masticación, salivación y deglución, discapacidad y minusvalía, deterioro sensorial (disminución del gusto y el olfato, menor capacidad para diferenciar sabores), e hipofunción digestiva. La pérdida progresiva de piezas dentales y prótesis mal ajustadas pueden provocar importantes molestias.
  • Factores fisiológicos: Disminución del metabolismo basal, trastornos del metabolismo de hidratos de carbono de absorción rápida, cambios en la composición corporal, interacciones fármacos-nutrientes y menor actividad física.
  • Factores psicosociales: Pobreza, limitación de recursos, soledad, depresión, aislamiento y anorexia. Estos aspectos contribuyen a la fragilización del individuo.

Un estudio identificó en la alimentación de los adultos mayores de un municipio chileno, hábitos alimentarios que contribuyen a su proceso de mayor fragilidad, tales como un bajo consumo de lácteos, carnes, frutas y verduras, así como un alto consumo de grasa y alimentos fritos. La dieta de muchos adultos mayores es poco variada, insuficiente para cubrir las necesidades de calorías y nutrientes, y no es equilibrada en el consumo de alimentos, ya que no se dan las proporciones recomendadas. Un porcentaje significativo de adultos mayores consume solo una o dos comidas al día, y un 23% no consume la última comida del día, lo que implica un riesgo de déficit calórico y nutricional.

El Síndrome de Fragilidad y su Relación con la Alimentación

El síndrome de fragilidad del anciano es un estado de disminución de la reserva funcional que lleva a una especial vulnerabilidad ante factores de estrés, incluso menores. El sustrato fisiopatológico de la fragilidad es la sarcopenia (disminución de la masa muscular), que en los adultos mayores aparece debido a alteraciones en la regulación endocrina, la anorexia propia de la edad, la malnutrición crónica o la infiltración grasa del músculo.

El consumo de alimentos ultraprocesados se asocia a un riesgo hasta tres veces superior de desarrollar el síndrome de fragilidad en los ancianos. Estos alimentos, que han sufrido transformaciones físicas y químicas y conservan poco o ningún contenido de los alimentos naturales originales, se han relacionado con el desarrollo de enfermedades crónicas, factores de riesgo metabólico (obesidad, colesterol elevado, hipertensión), cáncer y mayor mortalidad. Entre los productos que más se asociaron al desarrollo de fragilidad se encuentran los lácteos ultraprocesados (azucarados, endulzados y saborizados), las galletas, pasteles y bollerías, así como los zumos industriales. Afortunadamente, la fragilidad es un síndrome potencialmente reversible a través de la actividad física y de una dieta saludable y de mejor calidad.

Gráfico mostrando la relación entre alimentos ultraprocesados y el riesgo de fragilidad en ancianos

Los Lácteos en la Dieta del Adulto Mayor

Seguir consumiendo lácteos a lo largo de la vida es una decisión importante. Los lácteos son un aporte valioso para la salud cardiovascular, la formación y conservación de la masa muscular gracias a su proteína de alta calidad, y la prevención de la osteoporosis debido a su calcio de alta biodisponibilidad. La hipertensión y la diabetes tipo 2, frecuentes en personas cada vez más jóvenes, causan problemas graves en adultos mayores.

En este contexto, el consumo de proteína láctea contribuye a aumentar la respuesta de la insulina en personas con diabetes tipo 2, mientras que los lácteos bajos en grasa se han asociado inversamente con la glicemia y la presión arterial. Además, se ha observado que la matriz láctea contribuye a fortalecer el sistema inmune. Se recomiendan tres porciones diarias de lácteos, junto a una alimentación saludable y actividad física permanente, evitando el sedentarismo, para una mejor salud en los adultos mayores.

El Helado: Un Postre con Beneficios Nutricionales para la Tercera Edad

Los helados son preparaciones alimenticias de consumo frecuente, especialmente durante el verano, pero pueden disfrutarse todo el año. En función de su composición, se consideran productos ricos en lácteos que aportan hidratos de carbono (azúcares), proteínas, grasas y calorías. Además, pueden suministrar minerales como el calcio, magnesio y fósforo, e incluso complejos vitamínicos. La composición varía entre los helados a base de leche o sus derivados y los de agua, así como por los aditivos como dulces, frutos secos o frutas.

Beneficios Nutricionales del Helado

Una ración de helado con base de leche o de yogur puede aportar hasta el 15% de las necesidades diarias de calcio. Asimismo, el helado es rico en proteínas, vitaminas A, B2 y B6, C, D, E, fósforo, magnesio, sodio y potasio. Contiene hidratos de carbono fundamentales para proporcionar la energía necesaria a lo largo del día. Otro de sus beneficios es que tan solo aporta aproximadamente el 10% de las calorías diarias requeridas. Los helados contienen un aminoácido llamado triptófano, que ayuda a aumentar los niveles de serotonina, lo que puede mejorar el estado de ánimo y reducir los síntomas de la depresión y el estrés, especialmente con sabores como vainilla o chocolate. Comer helado en días calurosos también aporta la hidratación que el cuerpo necesita. Para pacientes oncológicos con problemas de apetito o complicaciones como la xerostomía (sequedad bucal), el helado es un alimento que se suele recomendar.

Comer Helado, Engorda?😨

Consideraciones y Consejos para el Consumo de Helado

Es posible incluir helados en una dieta saludable siempre que se consuman con moderación. Existen alternativas saludables a los helados tradicionales, como las versiones sin azúcar y sin gluten. Debido a su alto contenido calórico, pueden dificultar el control del peso si se consumen en exceso.

Debido a su baja temperatura, los helados pueden producir, en ocasiones, problemas de irritación de la garganta, especialmente si se consumen rápidamente o se mezclan con bebidas frías. Para evitar consumir calorías de más, lo más recomendable es optar por helados bajos en grasas y glucosa. Incluso se pueden elegir aquellos con base de leche desnatada para evitar las grasas de origen animal, o helados con base de agua o zumo. Los sorbetes, por ejemplo, contienen menos calorías por ración. El consumo ocasional de helados puede ser una forma sana de complementar la dieta en verano, en vez de recurrir a otro tipo de productos menos naturales. Además, es un mito que comer helado en invierno provoca resfriados; no solo no enferman, sino que pueden ayudar a la recuperación tras el ejercicio físico al contener proteínas, azúcares y altas dosis de vitaminas para reponer el glucógeno perdido.

Foto de una persona mayor disfrutando de un helado saludable

Recomendaciones Dietéticas Generales para la Salud del Adulto Mayor

Para una óptima nutrición en la tercera edad, es fundamental adoptar hábitos alimentarios saludables:

  • Variedad y Equilibrio: Asegurar una dieta diversa que cubra todas las necesidades nutricionales.
  • Aumento de Fibra: Incrementar el consumo de alimentos ricos en fibra, como legumbres, frutas y verduras crudas, pan y cereales integrales.
  • Fuentes de Proteínas: Elegir carnes magras o reemplazar carnes rojas por legumbres, carnes vegetales, huevos, o pescado (como jurel, atún o salmón en conserva).
  • Masticación Adecuada: Comer lento y masticar bien. Si existen problemas de masticación, consumir carne molida y verduras y frutas ralladas o cocidas.
  • Control de Grasas y Sodio: Disminuir el consumo de alimentos fritos y procesados. Reducir la sal añadida a los alimentos.
  • Hidratación: Ingerir agua todos los días de manera suficiente.
  • Evitar Ultraprocesados: Minimizar la ingesta de alimentos ultraprocesados, incluyendo lácteos azucarados, galletas, pasteles, bollería y zumos industriales.
  • Suplementos y Fortificación: Considerar productos fortificados con vitaminas (A, B, C, D, E), ácido fólico, calcio y minerales si la dieta no es suficiente, previa consulta médica.
  • Actividad Física: Complementar la dieta con actividad física regular para mantener la masa muscular y el bienestar general.

Más de la mitad de las personas mayores de 60 años presentan problemas de sobrepeso u obesidad, lo que subraya la importancia de un control consciente del peso a través de la dieta y el ejercicio. Seguir estas recomendaciones puede marcar una diferencia significativa en la salud y calidad de vida de los adultos mayores.

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