La Wissenschaft der Logik (Ciencia de la Lógica) de Georg Wilhelm Friedrich Hegel ocupa un lugar de suma importancia dentro de su obra, siendo considerada una de las cumbres del idealismo alemán y del pensamiento filosófico universal. A pesar de su relevancia, la obra enfrentó durante mucho tiempo una limitada accesibilidad a través de traducciones. Hasta 1929, la única traducción completa existente era la versión italiana de Arturo Moni, publicada en Bari por Laterza en 1925 en tres tomos. Posteriormente, en 1929, apareció la traducción inglesa de Johnston y Strutbers, seguida por la versión francesa de S. Jankélévitch (París, Aubier, 1947-1949).
Cabe mencionar la conocida traducción francesa de Augusto Véra (Logique de Hegel, París, 1859, 2 vols.), la cual, sin embargo, se basó en la primera parte de la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas, utilizando la edición de Voz Henning y añadiendo comentarios propios, resumiendo partes de la obra mayor. Las traducciones españolas de la Lógica también se han realizado a partir de la primera parte de la Enciclopedia.
La escasez de traducciones completas de la Ciencia de la Lógica antes de las mencionadas se explica, en parte, por la existencia de la exposición sintética contenida en la Enciclopedia. Esta última ofrecía una visión del sistema hegeliano completo, resultando más breve y accesible para un público general. Los especialistas, por su parte, podían recurrir al texto original alemán para una comprensión más profunda y detallada. Además, algunos aspectos de la Ciencia de la Lógica, como la crítica a las ciencias contemporáneas, podían volverse obsoletos con el rápido avance científico.
Sin embargo, la Ciencia de la Lógica, escrita entre 1812 y 1816, desempeñaba un papel fundamental en el proyecto sistemático de Hegel. Tras la Fenomenología del Espíritu (1807), concebida como la primera parte del sistema, la Ciencia de la Lógica debía constituir la segunda parte, seguida por la Filosofía de la Naturaleza y la Filosofía del Espíritu. No obstante, en la segunda edición póstuma de la Fenomenología (1832), Hegel suprimió el subtítulo que la designaba como "primera parte del sistema", sugiriendo una posible reconfiguración de su plan.
El desarrollo completo del sistema hegeliano se materializó en la forma más sintética de la Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas. La exposición más amplia del sistema quedó así limitada a la Fenomenología y a la Ciencia de la Lógica. Aunque se pueda reconocer en cada obra de Hegel la sustancia de su pensamiento, existe una distinción esencial entre estas dos: la Fenomenología aborda la gnoseología hegeliana, mientras que la Ciencia de la Lógica se centra en la metafísica.
Para facilitar la comprensión del lector, se ofrece una síntesis de la Fenomenología y la Ciencia de la Lógica, destacando su contenido esencial, su vinculación recíproca y su relación con las otras partes del sistema.
La Fenomenología del Espíritu: El Conocimiento del Espíritu
En el prefacio de la Fenomenología del Espíritu, Hegel marca su distanciamiento de la filosofía romántica y especulativa de Schelling. Mientras los seguidores de Schelling creían en la verdad como objeto de contemplación y entusiasmo, Hegel defendía una filosofía especulativa que debía ser ciencia. Para Hegel, lo absoluto no es una sustancia dada, sino un sujeto que realiza su concepto, y este proceso de realización es el espíritu.
La Fenomenología se propone mostrar cómo el espíritu adquiere progresivamente conocimiento de sí mismo. Comienza con el conocimiento del ser inmediato, una apariencia que se transforma constantemente. La conciencia, sin embargo, no es pasiva; organiza estas apariencias a través de la percepción (Wahrnehmung), donde las relaciones entre las apariencias resultan más verdaderas que las apariencias mismas.
El siguiente nivel es el intelecto (Verstand), que busca aprehender la relación entre objetos diferentes y descubrir la ley que rige el cambio. En este proceso, la conciencia se vuelve activa, reconociéndose como creadora de la organización de las intuiciones. Esto conduce a la autoconciencia (Selbstbewusstsein), donde el sujeto se toma a sí mismo como objeto, experimentando la necesidad de trascender la subjetividad para alcanzar la certeza de la identidad entre el yo y el no-yo.
Esta fase se denomina razón (Vernunft), el esfuerzo por explicar el objeto a través del pensamiento. La razón descubre que las cosas son verdaderas en cuanto se reducen a conceptos o leyes. La ley, que para el intelecto era hipotética y a posteriori, se vuelve necesaria y a priori para la razón. La fórmula de la Fenomenología, "Lo que tiene que ser, existe efectivamente" (Was sein soll, ist in der Tat auch), prepara la posterior afirmación de que "lo que es racional es real" y viceversa.
Hegel también aborda la realización del espíritu en el mundo moral, la familia y la sociedad, examinando los conflictos y fracasos inherentes a la vida y la historia. La autonomía del espíritu se logra en la moralidad, en la transición de la vida individual a la colectiva, donde los hombres realizan lo absoluto, el reino de Dios.
La religión se presenta en tres momentos: religión de la naturaleza, religión del arte (la griega) y religión de la interiorización del espíritu (el cristianismo). Sin embargo, incluso la religión manifestada debe purificarse de representaciones y mitos para alcanzar el saber absoluto, donde el espíritu solo admite la verdad generada por su propio movimiento.
Con el fin de la Fenomenología, comienza la ciencia del espíritu puro: la Ciencia de la Lógica. A esta debían seguir las ciencias del espíritu realizado, desarrolladas posteriormente en la Enciclopedia.

La Ciencia de la Lógica: La Metafísica del Pensamiento Puro
La Ciencia de la Lógica, concebida como la segunda parte del sistema hegeliano, representa la metafísica del pensamiento puro. Su punto de partida es la superación del dualismo kantiano entre pensamiento y ser, que impedía el acceso al noúmeno. Hegel rechaza este dualismo, afirmando que el pensamiento es el ser o noúmeno verdadero.
El conocimiento de este pensamiento no se logra mediante la aceptación empírica de las determinaciones lógicas tradicionales, sino a través de su generación y coordinación mediante el movimiento dialéctico del pensamiento mismo. Al igual que la Fenomenología mostró cómo cada forma de conciencia se niega para resurgir enriquecida, la Lógica debe exponer el movimiento dialéctico en el sistema de las categorías del pensamiento puro.
La cadena de categorías no se desarrolla por deducción analítica, sino por un proceso sintético creador, impulsado por lo insatisfactorio inherente a cada etapa. La filosofía, en este sentido, acompaña al pensamiento en su dialéctica.
La Ciencia de la Lógica se divide en tres partes:
1. La Lógica del Ser
Se inicia con la noción de ser, la categoría más vacía. Su falta de contenido, sin embargo, impulsa un desarrollo progresivo de determinaciones, presentando la lógica como ciencia del pensamiento y del ser simultáneamente. El ser puro, vacío, se identifica con la nada. De esta identidad de opuestos surge el devenir, la negación de la nada que era negación del ser.
Del ser puro se pasa al ser determinado o existencia (Dasein). Surge la cualidad, que como determinación es un límite o negación de lo otro ("toda determinación es negación", afirmó Spinoza). Considerado en su infinitud (referencia a sí mismo o ser por sí), el ser determinado se convierte en lo Uno, que excluye otros seres cualitativamente idénticos. De la exclusión y oposición de lo uno emanan los unos (múltiples).
La síntesis de la tesis (uno) y la antítesis (múltiples) es la cantidad. La cantidad, a su vez, es antítesis de la cualidad y una determinación inestable, sujeta a aumento y disminución. Incluso en la medida, la cantidad está en continua fluctuación, generando cambios cualitativos. Para superar esta progresión infinita, se reconoce el infinito verdadero: el ser determinado por sí mismo, que permanece constante en la multiplicidad variable de sus formas inmediatas.
2. La Lógica de la Esencia
Con el infinito verdadero se accede a la esencia, que es negación del ser inmediato. La esencia, a pesar de ser apariencia, se relaciona con el ser esencial. Toda relación puede ser consigo misma (identidad) o con otro (diferencia). Sin embargo, ambos conceptos están vinculados: la diferencia solo tiene sentido en relación con la identidad, y la oposición incluye una coincidencia.
La filosofía, a diferencia del intelecto, no acepta separaciones absolutas y descubre la vinculación mutua de los opuestos. La dialéctica reconoce en la lucha de los opuestos la generadora de todas las cosas, heredando la tradición de la identidad de los opuestos y la dialéctica triádica.
En el desarrollo del sistema hegeliano, la contradicción (Widerspruch) inicial de ser y no-ser se sustituye por la simple oposición (Entgegensetzung), a menudo una mera distinción. Este es uno de los puntos criticados por Croce, quien señala que la lógica hegeliana aplicó la forma de la dialéctica de los opuestos a la conexión de lo distinto.
El desarrollo dialéctico parte del ser inmediato, que se relaciona y opone a su fundamento. Cada existencia inmediata es apariencia de la esencia, es decir, fenómeno (Erscheinung). Sin embargo, la esencia no contiene nada más que lo que aparece; no hay oposición entre un interior (esencia) y un exterior (fenómeno). El fenómeno es la manifestación completa de la esencia, es decir, realidad (Wirklichkeit).
La totalidad de los fenómenos constituye lo absoluto, la sustancia, que se identifica con la multiplicidad de sus determinaciones o accidentes. La relación entre causa y efecto se resuelve en identidad, evitando el proceso al infinito mediante la acción recíproca y la unidad profunda de la cadena causal. El falso infinito trascendente se sustituye por el verdadero infinito, inmanente en lo finito, simbolizado por el círculo.

3. La Lógica del Concepto
El concepto (Begriff) representa la síntesis y unificación de elementos distintos pero inseparables. Es lo universal que genera sus diferenciaciones (especies, individuos) y las recoge en su propia unidad. Sin esta correlación entre diferenciación y unificación, lo universal sería una abstracción vacía.
Por su poder creador, lo universal se convierte en lo particular y lo individual. El juicio expresa la identidad entre lo universal y lo particular/individual. La nueva lógica hegeliana, al superar el dualismo kantiano, considera el pensamiento como el ser verdadero y accesible. El movimiento dialéctico del pensamiento, generador y coordinador de las categorías, es el camino para conocerlo.
La Ciencia de la Lógica, con su método dialéctico, muestra la cadena de categorías del pensamiento puro no como una deducción analítica, sino como un proceso sintético creador. La filosofía, al seguir este movimiento, desvela la estructura intrínseca de la realidad.