Todos conocemos esa canción que comienza diciendo que "dos palomitas se lamentaban llorando y una a la otra se consolaban diciendo, quién ha cortado tus bellas alas paloma o algún falsario ha sorprendido tu vuelo". Sospecho que todos, al leer estos versos, entonarán su melodía. Lo cierto es que, entre los papeles viejos de nuestra provincia, se pueden encontrar datos fascinantes sobre el origen de esta pieza fundamental del cancionero popular.

El contexto histórico y la recopilación
La historia de esta canción está estrechamente ligada a las familias tradicionales y a los trabajos de recopilación folclórica de principios del siglo XX. Los Heredia, sobrinos del caudillo tucumano, desempeñan un papel central en este relato. Radicados en Maimará desde el siglo XIX, fueron figuras clave en la preservación de la tradición oral. Mientras don Napoleón Heredia dictaba a Alfonzo Carrizo diversas glosas que nutrieron el cancionero provincial, fue doña Urbana Heredia de Gil quien se encargó de documentar la historia detrás de "Las Dos Palomitas".
Alfonzo Carrizo recopiló el material del cancionero en 1928, pero el registro de Urbana Heredia es anterior. Urbana, quien fue maestra y directora de la escuela Nº 45 de Tejadas, en el departamento de Humahuaca, escribió esta narración en 1921. Lo hizo a pedido de una encuesta solicitada a los maestros por el Consejo Nacional de Educación, basándose en el testimonio de una persona de origen boliviano, de unos 75 años, a quien había conocido durante un viaje hacia Jujuy.
La leyenda: el drama de una joven y el sacerdote
La narración recogida por la maestra es oscura y profunda. Según el relato, en una ciudad de Bolivia vivía una joven huérfana de cierta fortuna, pretendida por muchos hombres de la mejor sociedad. Ninguno logró conquistarla, hasta que el cura de la parroquia local se enamoró ciegamente de ella y logró consumar su deseo.
Tras el hecho, la joven, arrepentida, acudió al mismo sacerdote para confesarse, pero él se negó a recibirla. Ante la proximidad de una fiesta, la joven tomó una decisión drástica:
- Se vistió con sus mejores galas y joyas.
- Se encontró con una aldeana en las afueras del pueblo.
- Intercambió sus vestimentas con ella, adoptando la apariencia de una campesina.
Bajo este disfraz, logró confesarse con el sacerdote, quien, al no reconocerla, le impuso una penitencia extrema para salvar su alma: morir quemada. La joven regresó a su casa, ordenó a sus sirvientes caldear el horno, los envió lejos con un pretexto, cerró las puertas y se arrojó al fuego. A las doce del día, hora del suceso, los vecinos observaron cómo se elevaban por los aires dos palomas blancas.

El mito del "Munchay-puyto"
Tras el hallazgo del cuerpo en el horno, las autoridades acudieron al lugar. El sacerdote, presente en la escena, fue quien distinguió un resto humano -una canilla- entre las cenizas. La leyenda sostiene que, con dicho resto, el religioso fabricó una quena y comenzó a tocar un cantar conocido en Bolivia como munchay-puyto, un tono extremadamente triste. Se decía que aquel que se atreviera a entonar este canto en Bolivia podía terminar preso debido a la carga melancólica y prohibida que el sacerdote le imprimió al inventar los versos de "Las Dos Palomitas".
Existe una hipótesis sugerente, propuesta por un vecino de Tres Cruces, que plantea que aquel anciano boliviano de 75 años que relató la historia a Urbana Heredia podría haber sido el propio religioso protagonista del cuento. ¿Quién puede saberlo con certeza?
Fragmento de la letra tradicional
¿Quién te ha cortado tus bellas alas, paloma?
¿O algún corsario ha sorprendido tu vuelo?
¿Quién te ha cortado tus bellas alas, paloma?
¿O algún corsario ha sorprendido tu vuelo?
Ay, ay, ay... paloma...
¿O algún corsario ha sorprendido tu vuelo?