Origen y Definición del Bodegón
El bodegón o naturaleza muerta es uno de los géneros más clásicos de la pintura, con una gran presencia a lo largo de las distintas etapas de la historia del arte.
La palabra bodegón se acuñó en España y se refiere, en esencia, a la pintura de alimentos y objetos de cocina. En otros países, este tipo de pintura se denominó naturaleza muerta, connotación que se fue ampliando en su utilización hacia otras modalidades artísticas y que pervive en el presente. El bodegón es la expresión de objetos inanimados, representados en el entorno cotidiano del artista, que reflejan la intimidad, la vida doméstica de manera natural, haciendo destacable lo cotidiano y visible lo otrora inadvertido.
Los bodegones ya adornaban el interior de las tumbas del antiguo Egipto, donde se creía que los objetos relacionados con la comida y la vida doméstica se harían reales en el más allá, dispuestos para que los muertos los usaran. Las pinturas sobre jarras de la Antigua Grecia también demuestran gran habilidad, al representar objetos cotidianos y animales. Bodegones parecidos, más simples decorativamente, pero con perspectiva realista, se han encontrado en pinturas murales de la Antigua Roma y en mosaicos en Pompeya, Herculano y la Villa Boscoreale, incluyendo el motivo posteriormente tan familiar de un bol de cristal con frutas.
A partir de 1300, comenzando por Giotto y sus seguidores, la pintura de bodegón revivió en las pinturas de tema religioso en forma de objetos de la vida cotidiana que acompañaban a las figuras protagonistas. Este tipo de representación pictórica fue considerado menor hasta el Renacimiento, por cuanto aparecía generalmente subordinada a otros géneros, como la pintura religiosa o los retratos, conllevando a menudo un significado religioso o alegórico.
Evolución Histórica del Género
El Siglo XVI: Reconocimiento Incipiente
El siglo XVI vio una explosión de interés en el mundo natural y la creación de lujosas enciclopedias botánicas que documentaban los descubrimientos del Nuevo Mundo. También impulsó el comienzo de la ilustración científica y la clasificación de las especies. Los objetos naturales comenzaron a apreciarse como elementos de estudio individuales aparte de cualquier asociación mitológica o religiosa. La temprana ciencia de los remedios a base de hierbas comenzó igualmente en esta época, una extensión práctica de este nuevo conocimiento. Además, los patronos ricos comenzaron a financiar la colección de especies animales y minerales, creando amplios «gabinetes de curiosidades». Estos ejemplares sirvieron como modelo para los pintores que buscaban realismo y novedad. Empezaron a coleccionarse y comercializarse conchas, insectos, frutas exóticas y flores, y la llegada de plantas nuevas, como el tulipán (importado a Europa desde Turquía), se plasmaban fielmente en los bodegones.
Aunque la pintura de bodegón italiana estaba ganando en popularidad, permaneció históricamente menos respetada que la pintura de «gran estilo» de temas históricos, religiosos y míticos. En particular, Caravaggio (1573-1610) fue uno de los primeros artistas que representó naturalezas muertas con conciencia de obra pictórica, aplicando su influyente forma de naturalismo al bodegón. Su Cesto con frutas (h. 1595-1600) es uno de los primeros ejemplos de bodegón puro, presentado con precisión y ubicado a la altura del ojo. En 1596 Caravaggio pintó el que se considera el primer bodegón de la historia de este género.

El Siglo XVII: Edad de Oro y Especialización
El siglo XVII se reconoce como el de la madurez del bodegón como género de la pintura barroca. Sensualidad y simbolismo expresan los cuadros de grandes pintores por medio de frutas, flores y pequeños utensilios, que en primeros planos o en paisajes profundos recrean la historia completa alrededor de una faena doméstica y cotidiana. Recipientes y utensilios de metal, cerámica, porcelana, bronce o vidrio, vasijas como platos, tazones, cuencos, vasos, ánforas, así como ajos, pimientos y hierbas; servilleta y canasta, flores y jarrón, frutos y gallinas, pescado, codornices y corderos, se convierten en objetos dignificados, rescatados de lo común y ordinario, para lucimiento de pintores ante reyes y potentados.
Este género fue muy cultivado en la pintura nórdica del siglo XVII, tanto en los Países Bajos septentrionales como en los meridionales donde nacen muchas de las diversas variedades del género, como el bodegón de cocina, con objetos de caza, de lo que pueden servir de ejemplo los bodegones de Frans Snyders, el bodegón de desayuno del que son ejemplo Osias Beert, Clara Peeters o Jacob van Es, y el «bodegón monócromo» que hace su aparición en el norte hacia 1625 y tiene en Willem Heda y Pieter Claesz. a sus más representativos autores. El bodegón se independizó en el nuevo clima artístico de los Países Bajos, con el nombre de stilleven («naturaleza tranquila»), mientras que en las lenguas romances, y en ruso, se prefieren términos relacionados con la «naturaleza muerta».
La importancia que adquirió el bodegón en la España del siglo XVII sólo ha empezado a ser reconocida en fechas recientes. Los bodegones del español Diego Velázquez incursionaron y se perpetuaron en este género, escenas menos intimistas como las típicas de tabernas y mercados, elevando el carácter y la naturaleza de cuencos, jarrones, tinajas, peroles, así como los más sencillos alimentos, frutas y flores, mediante pinceladas, luces y sombras, volúmenes y contornos, que intentan dar vida a la eterna inmovilidad que los imbuye. Blas de Prado y su discípulo Juan Sánchez Cotán se constituyeron en grandes impulsores del bodegón en España y este siempre mostró las frutas y las hortalizas en un deslumbrante realismo, dado principalmente por el uso de fondo oscuro para realzar texturas, colores y matices. Sánchez Cotán pintó todo tan al detalle que se le consideró cercano al realismo mágico, al aprovechar como nadie la geometría a partir de la forma de los alimentos, su disposición y volumen. A Juan Sánchez Cotán, en España, le siguieron Zurbarán y Velázquez. En sus obras, nombradas con lenguaje simple y absolutamente descriptivo, ellos tratan los objetos desde unos humildes limones hasta desdeñados tiestos de la cocina con un realismo tal que les confieren una incuestionable jerarquía al transmitirles vida, movimiento y emoción.

El español Felipe Ramírez trabajó principalmente los frutos de la tierra en su más cruda y real expresión, así como el vino, creando grandes y hermosos bodegones destinados a decorar residencias de la nobleza. Más adelante, el español Juan Van der Hamen y León se convirtió en un gran exponente del bodegón que juega con la simetría, la luz exterior, la forma y el color de los alimentos para crear ambientes provocadores. De otro lado, el holandés Abraham Van Beyeren, a mediados del siglo XVII, se dedicó a paisajes marinos y logró perfeccionar los bodegones de esta temática, gozando fama de experto en pescados. Mateo Cerezo, también español y burgalés, a pesar de su corta existencia, demostró que no sabía de barroco pues su Bodegón de cocina le dio renombre dentro de este género por ser un descriptor de realidades contundentemente naturales.

Miembro de una familia vinculada estrechamente con la pintura de bodegones, un pintor napolitano se le considera el pintor de naturalezas muertas más importante de Nápoles en el siglo XVII. Su producción es abundantísima y en ella aborda desde las representaciones de flores hasta las de peces, pasando por las vanitas. Algunos inventarios de la época registran obras como "Un Bodegonçillo de Vara de largo y poco menos de Vara de altto Con Unos Besugos Un cardo y ottras Cosas" y "Un bodegón con pescados y verduras" (Recco / 1113), lo que subraya la prevalencia de esta temática.
El Siglo XVIII: Del Realismo a la Sencillez
En el siglo XVIII, las connotaciones religiosas y alegóricas de bodegón se abandonaron y las pinturas de mesa de cocina evolucionaron hasta ser calculadas representaciones de variado color y forma, mostrando comidas cotidianas. La aristocracia francesa contrató a artistas para ejecutar pinturas de pródigos y extravagantes bodegones que honraban sus mesas, también sin el mensaje moralista de la vanitas de sus predecesores holandeses.
Para el siglo XVIII se destaca en el género de los bodegones de naturaleza muerta otro pintor español, el retratista y miniaturista Luis Egidio Meléndez, representado por varias obras, entre ellas Bodegón con pan, manzanas, uvas y una botella, pintada en el momento en que recibió el encargo de realizar una serie de bodegones para el Gabinete de Historia Natural del futuro rey Carlos IV.

Quizás sin proponérselo Francisco de Goya, grabador y pintor español, en el siglo XVIII, pintó bodegones y les impregnó su clásico ambiente trágico resaltando aún más la naturaleza muerta que daba a conocer. El sentimiento trágico acompaña la serie de bodegones realizados por Goya durante la Guerra de la Independencia, representando animales muertos en un fondo neutro. Es fácil captar que en Doradas la iluminación empleada acentúa el dramatismo, incluso los ojos de los peces parecen acusar sobre las barbaridades que se estaban cometiendo en el campo de batalla. La pincelada del pintor aragonés es muy pródiga en tonalidades blancas, grises, rojas o amarillas con una extraordinaria calidad, muy característica del Impresionismo.

El Siglo XIX y XX: Nuevas Perspectivas
Con el surgimiento de las academias europeas, muy destacadamente de la Academia francesa, el bodegón comenzó a decaer al ser considerado un género menor. Cuando el neoclasicismo comenzó a declinar en los años 1830, la pintura de género y el retrato se convirtieron en los géneros preferidos por las corrientes artísticas romántica y realista. Muchos de los grandes artistas de la época incluyeron el bodegón en sus obras. Los bodegones de Francisco Goya, Gustave Courbet y Eugène Delacroix conllevan una fuerte corriente emocional y están menos preocupados con la exactitud y más interesados en el estado de ánimo. Aunque siguieron el modelo de los bodegones de Chardin, los bodegones de Édouard Manet son fuertemente tonales, apuntando al impresionismo.
Con el declive final de la jerarquía académica en Europa y el auge de los pintores impresionistas y posimpresionistas, la técnica y armonía de color triunfaron sobre el tema, y el bodegón volvió a ser tratado y versionado según las nuevas corrientes pictóricas. Las pinturas de Los girasoles de Vincent van Gogh son algunos de los bodegones del siglo XIX más conocidos. Van Gogh usa tonos amarillos y ocres y una representación bastante plana para hacer una memorable contribución a la historia del género. Su Bodegón con tabla de dibujo (1889) es un retrato de su propia cotidianidad en forma de bodegón, representando objetos personales, incluyendo su pipa, comida (cebollas), un libro y una carta de su hermano, sin su propia imagen presente. Además, Van Gogh, a finales del siglo XIX, produjo su más famoso bodegón: Girasoles o Vaso con quince girasoles (1888); sin embargo, se le ocurrió pintar acciones cotidianas alrededor de la alimentación con excelente perspectiva, por ejemplo: Los comedores de patatas. Es objeto de gran reconocimiento el manejo de la luz que crea esa sorprendente perspectiva en bodegones tan famosos como Naturaleza muerta con uvas, manzanas, limones y pera, Naturaleza muerta con peras, Naturaleza muerta con cesto de verdura y Naturaleza muerta con verdura y frutas, entre muchas de sus obras.

En el siglo XX, José María Corchón, pintor español formado en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, se especializó en la temática de bodegones, aunque también cultivó otros géneros.
Maestros del Bodegón con Pescados y Verduras
Jean-Baptiste-Siméon Chardin: El Realismo Doméstico
La obra Bodegón con pescado, verduras, gougères, ollas y vinagreras sobre una mesa, pintada por Jean-Baptiste-Siméon Chardin en 1769, es un exquisito ejemplo de este género. Esta pintura, que actualmente se encuentra en el Museo J. Paul Getty, muestra la maestría de Chardin en el realismo y su capacidad para elevar lo mundano a algo cautivador. Con unas medidas de 0,686 metros de alto y 0,584 metros de ancho, la pintura atrae la atención sobre la belleza simple de los objetos cotidianos.
La obra representa una sencilla escena de bodegón. Un pescado recién capturado cuelga de forma prominente en el centro, con sus escamas plateadas captando la luz. Sobre una mesa, se dispone una humilde selección de alimentos y utensilios. Un manojo de rábanos con vibrantes hojas verdes añade una pincelada de color, mientras que dos gougères (bollos de queso salados) reposan junto a una hogaza redonda de pan. Dos ollas de cerámica, posiblemente para sal y pimienta, flanquean un par de vinagreras de vidrio llenas de aceite y vinagre. Un pequeño trozo de queso descansa sobre un pedazo de papel pergamino, y un puñado de trigo añade un toque rústico. Chardin dispone magistralmente una variedad de elementos sobre una mesa de madera, representando cada uno con un detalle extraordinario.
Chardin fue reconocido por sus pinturas de bodegones, que capturaban la belleza de los objetos cotidianos con un realismo y una sensibilidad extraordinarios. La paleta de colores tenues y el sutil juego de luces y sombras crean una sensación de serena contemplación. La composición está cuidadosamente equilibrada, atrayendo la mirada del espectador hacia las texturas y formas de los distintos elementos. La pintura evoca una sensación de humilde domesticidad y los placeres sencillos de una comida. La suave fuente de luz de la izquierda ilumina los objetos, resaltando sus texturas y creando una sensación de profundidad. La paleta de colores apagados de Chardin, dominada por marrones terrosos, grises y verdes, se suma a la sensación de quietud y sencillez. En lugar de colores brillantes y llamativos, utiliza sutiles variaciones de tono y matiz para crear una sensación de volumen y realismo. Este enfoque en lo cotidiano, plasmado con tanta precisión y sensibilidad, es un sello distintivo del estilo de Chardin y contribuyó a su inmensa popularidad durante su vida. Bodegón con pescado, verduras, gougères, ollas y vinagreras sobre una mesa no es solo una pintura de objetos; es una mirada a una época y un lugar concretos, un recordatorio de la belleza que se puede encontrar en lo cotidiano.

Obra comentada: Le Bénédicité (La Bendición), Chardin.
Juan Sánchez Cotán: Geometría y Realismo Mágico
Juan Sánchez Cotán, uno de los grandes impulsores del bodegón en España, siempre mostró las frutas y las hortalizas en un deslumbrante realismo, dado principalmente por el uso de fondo oscuro para realzar texturas, colores y matices. Se le consideró cercano al realismo mágico, al aprovechar la geometría a partir de la forma de los alimentos, su disposición y volumen.
Abraham Van Beyeren: Especialista en Pescados Marinos
El holandés Abraham Van Beyeren, a mediados del siglo XVII, logró perfeccionar los bodegones de temática marina, gozando de fama como experto en pescados.
Arturo Emilio de Luca: La Maestría del Naturalismo
Sobre un papel blanco apoyado sobre una mesa también blanca, Arturo Emilio de Luca dispuso siete pescados junto a vegetales, limones y cebollas. La maestría del artista en el naturalismo del bodegón se observa en la bien lograda textura acuosa de los pescados, así como en sus ojos, que parecen mirarnos. La obra "esconde" otra en su reverso. En afán de optimizar el uso de sus telas, el autor reutilizó un lienzo que ya había pintado, pero que evidentemente descartó. Otro bodegón, esta vez con frutas. Un melón sobre un plato metálico junto al cuchillo que acaba de cortarlo. Detrás, una rama con ciruelas y sus hojas. La composición también está bien lograda. La obra, además de contener dos pinturas, es testigo del proceso creativo del artista.
Arturo Emilio de Luca nació en Cosenza, Italia, en 1906, pero en 1908 ya se había radicado en Banfield y luego en Lanús, siempre en el Gran Buenos Aires. Estudió con Emilio Limarzi en la Mutualidad de Estudiantes y Egresados de Bellas Artes y luego en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, bajo la dirección de Alfredo Guido, egresando en 1943 con el título de Profesor de Pintura. Fue docente en varias instituciones y participó en numerosas exhibiciones, incluyendo el Salón Nacional. Recibió varios premios a lo largo de su carrera, como el Primer Premio en el Salón de Avellaneda en 1940 y el Premio Eduardo Sívori en 1958. Falleció en 1999 en Unquillo, provincia de Córdoba. José León Pagano elogió sus bodegones exhibidos en 1938 en la Nordiska Kompaniet de Buenos Aires.

El Simbolismo en el Bodegón
Los bodegones, particularmente antes de 1700, a menudo contenían un simbolismo religioso y alegórico en relación con los objetos que representaban. Por ejemplo, en el siglo XVI, la comida y las flores reaparecerán como símbolos de las estaciones y de los cinco sentidos.
En Holanda se produjo una obsesión por la horticultura, particularmente el tulipán. El simbolismo de las flores había evolucionado desde principios de la época cristiana. Las flores más comunes y sus significados simbólicos eran: rosa (la Virgen María, fugacidad, Venus, el amor), lirio (Virgen María, virginidad, seno femenino, pureza de mente o justicia), tulipán (presunción, nobleza), girasol (lealtad, amor divino, devoción), violeta (modestia, reserva, humildad), aguileña (melancolía) y amapola (poder, sueño, muerte).
Especialmente popular en este período fue la pintura de «vanidad» o vanitas, en las que suntuosos arreglos de fruta y flores, libros, estatuillas, jarras, monedas, joyas, pinturas, instrumentos musicales y científicos, insignias militares, cristal y plata finos, estaban acompañados por recuerdos simbólicos de la fugacidad de la vida. Así, un cráneo, un reloj de arena o de bolsillo, una vela consumiéndose o un libro con las páginas vueltas, servirían como un mensaje moralizante de lo efímero de los placeres de los sentidos.
Características Artísticas y Técnicas
La composición, el enfoque, la perspectiva, los claro oscuros y el contraluz, poco a poco son reconocidos como característica de estilo de famosos pintores que se han inmortalizado a partir de la cocina y los alimentos, usados estos en primer plano o como fondo.
La apreciación popular del realismo en el bodegón se relaciona con la leyenda griega antigua de Zeuxis y Parrasio, de quienes se dice que compitieron por crear los objetos más parecidos a la realidad, siendo éstas las descripciones más antiguas de la historia de pintura de trampantojo (del francés trompe l'oeil, «engañar el ojo»). Como Plinio el Viejo relataba en los tiempos romanos, los artistas griegos de siglos antes ya eran muy diestros en el retrato y el bodegón.
Un bodegón, también conocido como naturaleza muerta, es una obra de arte que representa animales, flores u otros objetos, que pueden ser naturales (frutas, comida, plantas, rocas o conchas) o hechos por el hombre (utensilios de cocina, de mesa o de casa, antigüedades, libros, joyas, monedas, pipas, etc.) en un espacio determinado. Con orígenes en la antigüedad y muy popular en el arte occidental desde el siglo XVII, el bodegón da al artista más libertad compositiva que otros géneros pictóricos como el paisaje o los retratos.