Luego de las declaraciones de Andrés Jaramillo, propietario de los restaurantes Andrés Carne de Res, acerca de una presunta violación ocurrida en el aparcadero de la sede de Chía, al norte de Bogotá, activistas y ciudadanos manifestaron indignación por considerar dichas manifestaciones como “machistas”. Este incidente desencadenó un amplio debate sobre la violencia sexual, la responsabilidad empresarial y el rol de las figuras públicas en la sociedad.

El Incidente en Chía y las Declaraciones Controversiales
A través de un comunicado, el restaurante bar Andrés Carne de Res se refirió a la denuncia de una joven de 19 años, quien asegura que fue violada en uno de los parqueaderos de este sitio ubicado en el municipio de Chía. Los hechos tuvieron lugar el pasado dos de noviembre de 2013, cuando la joven se encontraba departiendo con un grupo de amigas en el lugar. Tras compartir un rato con dos hombres que la invitaron a su mesa, la joven se dirigió al parqueadero con uno de ellos y allí habría sido abusada. De acuerdo con la reconstrucción judicial de lo sucedido, la mujer llegó al lugar la noche del 1º de noviembre acompañada de un grupo de amigas, entabló conversación con dos hombres -uno de ellos el acusado- con quienes bailó e ingirió alcohol. Según uno de los trabajadores del lugar, el acusado condujo a la mujer, quien caminaba con dificultad debido a su estado de embriaguez, a un lugar oscuro ubicado en el parqueadero del lugar, tuvo relaciones sexuales con ella y, tras intentar reanimarla, la dejó tendida en el suelo.
La controversia se intensificó debido a las declaraciones de Andrés Jaramillo en una entrevista para BluRadio, donde afirmó: “Estudiemos qué pasa con una niña de 20 años que llega con sus amigas, que es dejada por su padre a la buena de Dios. Llega vestida con un sobretodo y debajo tiene una minifalda, pues ¿a qué está jugando? Está bien, eso es natural. Para que ella después de expiar todos los pecados con el padre diga que la violaron”. También afirmó: “Yo no puedo controlarle el licor a 2500 muchachos”. Esas palabras desataron múltiples respuestas por parte de usuarios de redes sociales y actores de varios sectores.
Reacciones y Críticas ante el Victim-Blaming
Frente a las declaraciones de Jaramillo, la abogada y activista por los derechos sexuales y reproductivos, Mónica Roa, le dijo a Semana.com que “no solo es Andrés Jaramillo. Frente a este tipo de hechos, mucha gente lo primero que hace es culpar a la víctima: cómo se viste, cómo se comporta, si coquetea, etcétera”. Para Roa, estas afirmaciones “refuerzan el estereotipo de que las mujeres somos mentirosas y resulta en la impunidad de muchos casos, pues muchos fiscales y jueces repiten el mismo mantra: ‘quién la manda’. Andrés Jaramillo tiene la oportunidad de generar conciencia social sobre el tema y dar educación y responsabilidad sexual a sus clientes”.
Por otro lado, la representante a la cámara por Bogotá, Alba Luz Pinilla, expresó que “fue notoria la preocupación de Andrés Jaramillo por lo que los hechos puedan causarle a la imagen de su negocio. Hay que saber que hay violaciones que no incluyen golpes”. Afirmó que “lo primero que se tiene que hacer no es ver qué dice el dueño de ‘Andrés’, sino lo que dice la mujer. Ahora el pecado es que hubiera tomado porque (así) tienen permiso para violarla. La discusión no es si tomó (licor) o no, sino si tuvo una relación sin quererlo. ¿Por qué se pone en duda su palabra? Siempre se duda de las denuncias de las víctimas”.
La Red Nacional de Mujeres aseguró que “creemos que las declaraciones del Señor Jaramillo son irresponsables y recaen en los imaginarios machistas que justifican la violencia sexual contra las mujeres por como nos vestimos, hablamos o comportamos”. Asimismo, la Alta Consejería para la Equidad de la Mujer, en un comunicado del 12 de noviembre pasado, rechazó las expresiones del propietario del restaurante. Para la Alta Consejería: “Dichas declaraciones conllevan un mensaje de justificación de la violencia sexual hacia la mujer, en el que responsabiliza a la joven de la posible agresión a causa de la ropa que vestía, responsabilidad que incluso extiende a la familia de la presunta víctima.” Y continuó: “La violencia contra las mujeres es un delito, vulnera sus derechos y nada la justifica, en este sentido este tipo de declaraciones reproducen estereotipos de discriminación y violencia que requieren el rechazo tajante de toda la sociedad.”
Respuesta del Restaurante y Disculpa del Propietario
En relación a los hechos, el restaurante emitió un comunicado informando que “lamentamos lo sucedido” y que “somos solidarios con la investigación por parte de las autoridades competentes”. Además, indicaron que “el restaurante ha colaborado con las investigaciones a través de videos, testimonios, declaraciones y que seguiremos prestos a brindar cualquier apoyo que estas requieran de nuestra parte para esclarecer los hechos lo más pronto posible”. Esta información fue corroborada por el comandante de la Policía de Chía, Álvaro Enrique Ramírez, y el alcalde del municipio, Guillermo Varela Romero.
El hombre señalado de presuntamente haber violado a la joven, identificado como un abogado de 28 años, rindió su versión de lo sucedido ante las autoridades. Aunque el padre de la joven presentó una denuncia por violación ante la Fiscalía, algunos testigos señalaron que el acto sexual entre la joven y el hombre pudo haber sido voluntario, lo que generó versiones encontradas. La Fiscalía General analizó los hechos, pero posteriormente la Fiscalía de Cundinamarca archivó el caso con inusitada celeridad, al dictaminar que no existirían evidencias que permitan comprobar que la mujer fue violada.
Por otro lado, Andrés Jaramillo, propietario de Andrés Carne de Res, pidió perdón por sus declaraciones sobre el caso. “Admito que me expresé de manera equivocada (…) quiero pedir disculpas a las mujeres y a los hombres que se sintieron ofendidos por mis declaraciones. Pero sobre todo, a las mujeres, a quienes a lo largo de toda mi vida he admirado y respetado. Rechazo de manera contundente cualquier manifestación de violencia contra la mujer, pues en mi criterio no existe nada que la justifique”.
Contexto Amplio: Violencia Sexual y Responsabilidad Social Empresarial
La Responsabilidad Social Empresarial (RSE)
Hasta hace poco tiempo se pensaba que la responsabilidad de las empresas se reducía a producir utilidades para sus accionistas. Pero esta idea ha venido cambiando y hoy se acepta que la empresa no tiene apenas esta función, sino que debe hacerse cargo de que sus actividades afecten, positiva o negativamente, la calidad de vida de sus empleados y de las comunidades que la rodean. De acuerdo con este enfoque, las empresas -y quienes las representan- están en el deber de garantizar que sus propias actividades y las de sus integrantes se desarrollen dentro de un marco de respeto a cierto tipo de valores sociales que se han considerado indispensables, dentro de los cuales está el respeto a los derechos humanos. Los derechos que protegen a las mujeres ocupan un lugar central. Eliminar la violencia contra la mujer es una parte importante de la responsabilidad social empresarial y desde esta óptica deben analizarse los comentarios del señor Andrés Jaramillo.

La Libertad y Autonomía de la Mujer
La primera afirmación de Jaramillo toca un punto que se ha venido discutiendo en diversos foros y tiene que ver con la libertad de la mujer para elegir si tiene o no una relación sexual, lo cual se aplica a todos los casos. Este derecho de la mujer se basa en los principios de igualdad, seguridad, libertad, integridad y dignidad de todos los seres humanos. A este derecho de elegir se ha sumado recientemente el derecho a decidir sobre el tipo de vestido, así como a las actividades que la persona desea realizar. En otras palabras, la mujer es libre de vestirse como considere conveniente y de ir a los lugares donde desee, sin que esto pueda ser leído o entendido por el hombre como una señal tácita de que quiere ser abordada sexualmente. Se trata simplemente de un ejercicio de sus derechos.
Control de Licor y Obligaciones Legales
En lo atinente a la segunda afirmación de Jaramillo, no menos escandalosa, cabe recordar que, según el Decreto 120 de 2010, los propietarios, empleadores y administradores de los lugares en donde se expenden y/o consumen bebidas alcohólicas tienen la obligación de “prevenir el consumo excesivo de (estas) bebidas”. La incapacidad para controlar la venta de licor dentro del establecimiento que aduce el señor Jaramillo es un obstáculo obvio para cumplir esta norma. Cabe preguntarse, también, qué ocurre con la prohibición de la venta de alcohol a menores, ya que en palabras de Jaramillo, es difícil controlar la venta de licor porque “el tío” puede estar comprando el licor, y luego se lo regala al muchacho. Si el establecimiento no tiene cómo controlar el consumo de licor de los muchachos porque son muchos, simplemente reconoce que no puede cumplir con los requisitos legales para seguir operando. En otras palabras, el señor Jaramillo estaba dando razones a los órganos de control para que cerraran su negocio.
Las Excusas y la Percepción Pública
Pese a que el señor Jaramillo se excusó por sus comentarios, el asunto no dejó de ser polémico. Los establecimientos públicos y sus representantes (propietarios y administradores), precisamente por su carácter de públicos, tienen la capacidad de influir sobre la opinión pública y -en este caso en especial- sobre los jóvenes. Afirmaciones donde se les resta importancia a los hechos políticos y sociales que están ocurriendo, o en donde se justifican hechos claramente reprochables, van en contra de la responsabilidad social porque contribuyen a crear un imaginario según el cual este tipo de opiniones o posiciones son aceptables simplemente porque una figura pública las está validando. Las excusas posteriores, aunque pertinentes, aparecen como forzadas, especialmente cuando se llevan a cabo después de que la opinión pública ha expresado su rechazo.
Andrés Carne de Res cuenta con unos lineamientos de responsabilidad social empresarial basados en criterios asistencialistas. No obstante, dentro de esta estrategia no se ha tenido en cuenta la importancia que tiene el restaurante en la formación de estereotipos, especialmente dentro de la población más joven. Al ser este establecimiento, sin duda alguna, uno de los restaurantes de moda, se convierte en referente obligado para muchas personas, especialmente jóvenes, para quienes las tendencias juegan un papel importante al moldear sus comportamientos y creencias. Por esa razón, permitir que afirmaciones de este tipo pasen sin análisis o controversia refuerza estereotipos y prejuicios que no son aceptables dentro de la sociedad moderna. Es importante, por tanto, señalarlas, analizarlas y establecer por qué no son correctas, no con el ánimo de satanizar, sino de promover el cambio.
Violencia Sexual en Colombia: Un Panorama Alarmante
El evento se dio en un contexto de alerta ante las graves proporciones de la violencia sexual en Colombia. Un reporte del Instituto de Medicina Legal señaló que entre enero y septiembre de 2013 fueron reportados 11.333 casos de violencia sexual contra menores de edad, de los cuales el 83% correspondieron a niñas. Esto equivale a que cada hora dos niñas son víctimas de violencia sexual en el país. Si bien la violencia interna de Colombia contribuye de manera ostensible al agravamiento de esta problemática, organizaciones sociales han afirmado que la violencia sexual al margen del conflicto armado y en contextos urbanos también ha registrado una preocupante escalada en los últimos años.
Según datos recopilados en un informe alternativo sobre derechos de las mujeres en Colombia presentado al comité de la CEDAW de Naciones Unidas, la tasa de violencia sexual registrada entre 2010 y 2011 subió a 49 casos por 100.000 habitantes, la más alta del último decenio. El lamentable panorama no es nuevo en Colombia; organizaciones sociales vienen denunciando la grave situación de los derechos de las mujeres en el país. Las agresiones involucran desde prácticas de control sobre su vida cotidiana hasta ataques con ácido. Según la Encuesta Nacional de Salud 2007, el 15,6% de las mujeres casadas o en unión libre dependía de la autorización de su cónyuge para salir solas a la calle, y Colombia es uno de los países que registra un alto número de ataques con ácido contra mujeres.
Igualmente alarmantes son las distintas formas de violencia sexual (violación, esclavitud sexual, tráfico de mujeres con fines de explotación sexual, entre otras) relacionadas y no relacionadas con el conflicto armado, así como los feminicidios. Muestra del grado de banalización a que ha llegado la violencia sexual contra mujeres es que en el caso del restaurante, el dueño, y no el acusado, fuera el primero en salir a desvirtuar públicamente la denuncia.
En un texto sobre violencia sexual, consentimiento y poder publicado en 2008, intitulado Somnolencia de Foucault, el sociólogo francés Eric Fassin señala que el cuestionamiento de las jerarquías de género y la dominación masculina a que lleva la politización del género y la sexualidad pone en duda los códigos eróticos de la sociedad. Para el sociólogo, dicha politización constituye “una extensión del ámbito de la deliberación democrática” propia de las sociedades democráticas contemporáneas. Esta se hace especialmente visible en el caso del acoso sexual y la violación.
A pesar de que Colombia ha desarrollado un andamiaje jurídico importante en materia de violencia contra las mujeres y violencia sexual, como señala Franklin Gil Hernández, investigador de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, “las normas sociales siguen una tendencia distinta de lo que dicen las leyes y algunas organizaciones por los derechos de las mujeres”. Para Gil Hernández, las altas tasas de violencia sexual y violencia contra las mujeres dan cuenta de la disonancia entre los logros alcanzados en el derecho y lo que ocurre en otros ámbitos de la sociedad.
La Encuesta Nacional de Salud 2007 y la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) 2010 evidencian cómo la violencia contra las mujeres no es percibida en todos los contextos como algo reprobable, sino que en determinadas situaciones es justificada. La ENDS señala que, sin incluir los abusos sexuales por parte de esposos o compañeros, el 6% de las mujeres en edad fértil entrevistadas en todo el país reportaron “haber sido violadas o forzadas a tener relaciones sexuales contra su voluntad”.
El miedo a la violación opera como un mecanismo que facilita la incorporación de una norma de género relacionada con los comportamientos socialmente adecuados de las mujeres. Gil Hernández evoca cómo la amenaza de violación opera en tanto mecanismo normativo del género, al “regular la forma como las mujeres están en los espacios, pero también como una norma encarnada. Las mujeres ‘saben’ adónde pueden ir y adónde no, a qué horas pueden caminar libremente. El miedo funciona de forma eficaz para que las mujeres no hagan ciertas cosas, no salgan”.
Documental La Violencia de género en Bogotá
Cobertura Mediática y Sesgo de Clase
En opinión de Gil Hernández, el elemento detonante del debate en el caso Andrés Carne de Res, más que el objeto de la denuncia, fue lo dicho por el dueño del restaurante. Para el antropólogo, buena parte del escándalo se debió a que “hay cosas que no se dicen, pero que fueron dichas”. En este caso adquiere relevancia también el perfil de clase de la clientela del restaurante. Como señala Gil Hernández, Andrés Carne de Res ocupa un lugar importante en la ciudad en términos simbólicos y de consumo. El restaurante está dirigido a una élite blanco-mestiza bogotana y ocupa un lugar destacado en el turismo gastronómico del país.
Mientras el caso de Andrés Carne de Res era ventilado en medios de comunicación y redes sociales, el 21 de noviembre, la Red de Mujeres contra las Violencias hacia las Mujeres del Distrito de Buenaventura convocó un plantón para denunciar los feminicidios cometidos en la ciudad, que en 2011 dejaron 38 mujeres asesinadas y que en el año en curso sumaban 13. “Hubo una diferencia muy grande en el cubrimiento mediático de ambos casos y yo creo que eso tiene que ver con la gente que es importante para la sociedad. Probablemente los asesinatos de mujeres en Buenaventura resultan menos importantes que la violación de una mujer blanca de élite. Son, pues, varios los interrogantes: ¿son todas las mujeres igualmente beneficiadas por el mentado cuestionamiento de los códigos eróticos de la sociedad? ¿Cómo se distribuyen sus beneficios según diferentes marcadores sociales como la clase social, la raza, la pertenencia étnica? ¿Cuáles mujeres son incluidas como merecedoras de protección y cuáles no?”
Otro Incidente de Seguridad: El Accidente de Laura Villamil
Nuevamente, Andrés Carne de Res se encontró bajo el foco de la opinión pública y las autoridades por un accidente que le ocurrió a una de las artistas que hace parte de los espectáculos circenses que lleva a cabo la empresa en las diferentes sedes de su restaurante. Los hechos ocurrieron el pasado sábado 17 de agosto, cuando la artista circense Laura Villamil estaba presentando un acto en un restaurante en Bogotá en el cual se desató un accidente inesperado. Durante su actuación, una chispa de una antorcha cayó en su vestuario, provocando que su ropa se incendiara rápidamente.
Villamil sufrió quemaduras severas en el 80% de su cuerpo, lo que la dejó en estado crítico. El pronóstico médico de la joven es reservado, y su situación es delicada. Actualmente, ella se encuentra recibiendo atención especializada en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Fundación Santa Fe en Bogotá, donde permanece bajo vigilancia médica constante.
Tres días después del accidente, el martes 20 de agosto, cuando los hechos se hicieron públicos, el restaurante emitió un comunicado expresando solidaridad con la artista afectada. Además, afirmó que se activaron de manera inmediata todos los protocolos de seguridad y atención. En el mismo texto, el restaurante informó que se suspendieron todos los espectáculos que involucren el uso de fuego en sus operaciones a nivel nacional y que se están realizando verificaciones adicionales sobre las condiciones de seguridad en dichos eventos. Este incidente recuerda el suceso ocurrido en el mismo establecimiento el 12 de noviembre de 2013, cuando se registró un caso de abuso sexual en su parqueadero, donde el dueño Andrés Jaramillo desmintió a la víctima, la culpó por andar de arriba para abajo en el restaurante y afirmó que ella tuvo responsabilidad en el acto por vestir una minifalda, insinuando que fue provocador.